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lunes, 30 de enero de 2017

EL CENTRO MUNICIPAL INTEGRADO DEL LLANO ABRE LA PROGRAMACIÓN DEL PRIMER SEMESTRE DE 2017 DE SU FORO DE FILOSOFÍA POPULAR (31 DE ENERO) CON UNA REFLEXIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA ANTE LOS ABSURDOS DEL MUNDO AQUÍ Y AHORA (¿TODO POR LA MACROECONOMÍA?)

Resultado de imagen de Chistes sobre contrastes económicos
El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón) desarrollará el Martes, 31 de Enero del 2017, a las 19’30 horas,  la sesión mensual del Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora” para abrir su programación del Primer Semestre de 2017 abordando el tema «La Filosofía ante los absurdos del mundo aquí y ahora: ¿Todo por la Macroeconomía?»... La sesión se plantea como reflexión general y concreta que, partiendo de la vivencia inequívoca de un tiempo mediático y simbólico donde lo aparente oculta y silencia lo esencial, que elabora paradójicos eufemismos (guerra humanitaria, armamento para la paz, justicia infinita, etc.) que sólo nos hablan de la “naturalización” del estado de cosas (el caos de este mundo) que más beneficia a los (económicamente) poderosos siempre dispuestos a utilizar su “brazo amable” en una ayuda humanitaria que coloque los excedentes (productivos y humanos) del mundo rico en las zonas más devastadas del mundo pobre (apostando, de paso, por la posible generación de pequeñas, pero nuevas, bolsas de consumo marginal)…
Imagen relacionadaEn este contexto y mediante el control de todos los poderes de los Estados por el “poder económico independiente” (visualizado en eso que llamamos mercados o, para ser más precisos, en los consejos de administración de las grandes transnacionales) y la extensión de un “imaginario social conveniente” a través del control de las grandes industrias de comunicación y producción cultural, se prouce un hurto de cualquier manifestación de la “voluntad popular” en términos políticos, mediante la reducción de éstos a la interpretación neolibreal de la Macroeconomía, esa que funciona bajo principios como el de “privatización de las ganancias, socialización de las pérdidas” (siempre hablando en términos monetarios, porque a la garantía, por ejemplo, de las condiciones de igualdad en el acceso a la salud o a la educación no se le atribuye valor económico alguno) que convierten el tópico de que “la gestión privada siempre es más eficiente que la pública” en una falaz petición de principio… Por otra parte, ese imaginario social impuesto desde las industrias culturales, con su presión constante hacia un individualismo insolidario, aleja casi toda voluntad de autonomía crítica a favor de un “saber a qué atenerse” vinculado a lo políticamente correcto. Y así florecen nuevos mantras como la promoción de lo que se ha dado en llamar cultura del emprendimiento; no en vano el término “pirata” nos llega, a través del latín, del término griego πειρατης (peirates), formado a partir del verbo πειραω (peiraoo), que significa «esforzarse», «tratar de», «intentar la fortuna en las aventuras», y el sufijo -της (-tes), que significa «agente»; o sea, en su origen el “pirata” es un «agente que intenta la fortuna en las venturas», un verdadero y auténtico «emprendedor»...
Resultado de imagen de Chistes sobre contrastes económicosPor eso, más allá de sus incoherencias y debilidades, el movimiento de los indignados (según el título que recibiera del librito-llamada, Indignez-vous! -¡Indignaos!-, de Stéphane Hessel de 2010) que, especialmente en los años 2011 y 2012, mostró el hartazgo popular extendiéndose por las calles y plazas de todo el mundo,  desde el 15M y la ocupación de la madrileña Plaza de Sol (junto a las más emblemáticas de cientos de ciudades españolas) hasta Occupy Wall Street, , pasando por las cuarenta mil personas que el 29 de mayo de 2011 llenaron con sus quejas la Plaza Syntagma de Atenas, debe ser valorado como la sacudida que situó en primer plano la gran corrupción política, no la del dinero público malversado y robado que estaba en los medios, sino la del robo de la propia democracia a través de sufragios ritualizados para alternar en el poder formal, en una representación de teatro de sombras, partidos políticos que actuarían (encubiertos por el patológico síntoma de la “exageración de las diferencias”) como solidarios testaferrros de los intereses del verdadero poder, el económico, imponiendo su pensamiento único (mediante sus industrias de control simbólico ligadas a la “cultura oficial”, pero también de las porras y las togas cuando fuere necesario) frente a cualquier tentación de pensamiento crítico divergente, frente a cualquier tentación filosófica y política, en definitiva, que pretenda recobrar el poder de decisión sobre si nuestra forma de convivir debe estar presidida por el estímulo del emprendimiento o por el impulso de la solidaridad, si podemos tolerar miles de desahucios y generar continuas bolsas de pobreza mientras crece el número de viviendas vacías y los potentados económicos se hacen cada vez más ricos (mientras más porcentaje de la riqueza nacional y mundial está cada vez en menos manos, mientras los más pobres tienen cada vez menos participación en esa riqueza)… Porque aquel grito de “¡No nos representan!” situó en el debate público la crisis de las democracias representativas en un mundo globalizado que desplaza los centros de toma de decisión política desde las instituciones gubernamentales de los Estados hacia los Consejos de Administración de las grandes empresas transnacionales y supuso, sobre todo, una verdadera deslegitimación filosófica (mundana) de unas instituciones pseudodemocráticas y, con ello, de sus instrumentos de dominio (desde los medios de comunicación social comprados por el propio poder económico –para construir esas cosmovisiones que criminalicen cualquier alternativa, ética o política- hasta el uso de las porras y las togas al servicio de normas sacralizadas por un pseudoconsenso que condena y castiga toda disidencia y/o resistencia ante lo considerado “políticamente correcto”, o sea el mantenimiento de los parámetros macroeconómicos que garantizan el engrase del sistema de explotación y consumo para el fomento de espejismos, mitos falacias como las manifestaciones de ideas como progreso o crecimiento en las sociedades complejas del presente)...
Resultado de imagen de El Roto: detrás de las cifras hay genteAsí que, ¿cómo tornar, en suma, en este contexto (y frente a tantos que desde tertulias o cátedras pervierten y prostituyen el discurso político al servicio de los imaginarios hegemónicos de lo establecido), “la funesta manía de pensar (críticamente)” en “un arma cargada de futuro” (que diría Pablo Milanés)?, ¿cómo denunciar las prácticas torticeras que, bajo el manto protector de esos usos de las ideas de progreso o crecimiento, derivan constantemente nuevas y más lacerantes bolsas de pobreza, excedentes humanos o deterioros medioambientales irreversibles?... ¿Cómo, en suma construir un nuevo marco político con verdadera capacidad colectiva de decisión para que nunca el crecimiento de una prima de riesgo sirva de justificación para ejecutar desahucios o el control de déficit público pueda legitimar el aumento de la desigualdad en el acceso a servicios de educación o salud?.

Imagen relacionadaTodo ello será desarrollado por el propio coordinador del Foro, José Ignacio Fernández del Castro, que, como siempre, facilitará a las personas participantes un dossier con documentación sobre el tema abordado (incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones bibliográficas y cinematográficas, e informaciones de interés). Tras su intervención (e, incluso, durante la misma) habrá un debate general entre todas las personas presentes. La sesión  tendrá lugar en el Aula 3 de la Segunda Planta, con asistencia libre.

jueves, 3 de octubre de 2013

Pensamiento del Día, 3-10-2013



«Las guerras las comienzan los cobardes. Le temen a la guerra, pero más que eso le temen la alternativa de no empezarla, supongo.»
 (Thomas, Tom, Leo CLANCY Jr.; Annapolis, Estados Unidos, 12 de abril de 1947 - Baltimore, 
1 de octubre de 2013. Red Rabbit –Operación Conejo Rojo-, 2002 
-2004, por ejemplo, para una edición en castellano-.)

Nunca ha leído nada (al menos conscientemente) de Tom Clancy... No, no lo digo con orgullo.

Sé, claro, que es un autor de novelas de suspense con un transfondo político frecuentemente “interpretado” desde la perspectiva del espionaje internacional, o sea desde los ojos de personajes como su Jack Ryan, iniciado con gran éxito como analista de la CIA (Central Intelligence Agency) en 1984 (The Hunt for Red October -La caza del Octubre Rojo-), convertido en Presidente de la Agencia desde 1994 (Debt of Honor -Deuda de honor-) y en 1996 (Executive Orders –Órdenes ejecutivas-) que cedería el protagonismo a su hijo. Jack Ryan Jr., desde 2003 (The Teeth of the Tiger -Los dientes del tigre-) hasta las postrimerías recientes de la serie en 2012 (con Threat Vector, en la que colabora Mark Greaney).

Sé que, con frecuencia y voluntad, mostraba sin muchos tapujos sus convicciones conservadoras, su cosmovisión neoliberal, su impulso militarista (aunque, paradójicamente, fuese uno de los más frontales detractores de la intervención en Irak), hasta el punto de que, en 1996, cuando su Jack Ryan se convirtiera nada menos que en Presidente de los Estados Unidos todos, aprovecharía políticas más duras en las formas de lucha contra la droga y más laxas y nada redistributivas en lo fiscal, con un impuesto plano.

Sé que a él se debe la idea original, aunque no el desarrollo, de sagas televisivas como OP Center (Lewis Teague, 1995), aventuras de un grupo paramilitar que ejecuta acciones al margen de las Naciones Unidas y al servicio de los intereses de la Casa Blanca, o Net Force (Robert Lieberman, 1999), historias del quehacer cotidiano de una unidad de vigilancia de amenazas potenciales en la red para el gobierno estadounidense.

Sé que sus ideas, más o menos precisas, están den la base de más de una decena de videojuegos, aunque en sentido estricto sólo pueda considerársele el creador de Rainbow Six: Critical Hour (2006).

Sé algunas de estas cosas porque me gusta estar informado de los fenómenos literarios comerciales, y porque he visto, seguramente sin mucha atención (o con la que se merecían), algunas de las adaptaciones de sus novelas a la gran pantalla (La caza del octubre rojo, 1990, de John McTiernan; Juego de patriotas, 1992, y Peligro inminente, 1994, de Phillip Noyce; o Pánico nuclear, 2002, de Phil Alden Robinson).
Pero no puedo estar orgulloso de no haber leído nada de Tom Clancy, porque quienes pretendemos analizar críticamente cuanto nos rodea no podemos honestamente, como mostraran de formas tan diversas Manuel Vázquez Montalbán o François Truffaut, permanecer al margen del devenir de la cultura de masas...
Y acaso por ello, Kenneth Branagh (probablemente poco menos distante de la ideología, cosmovisiones, imaginarios sociales y gustos literarios de Tom Clancy que lo pueda estar yo mismo) tiene aquí y ahora en fase de postproducción Jack Ryan: Shadow One, una película realizada siguiendo el rastro del famoso personaje clancyniano.
Así que lo único que me justifica parcialmente en esa desatención es el hecho constatable de que no hay tiempo para leer todo lo que a uno le apetece (y mucho menos lo que no le apetece tanto).No es por cobardía, no hay ninguna guerra personal.
Nacho Fernández del Castro, 3 de Octubre de 2013

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pensamiento del Día, 5-12-2012



«Nada más oírse el timbre que daba por finalizada la clase, él les dijo:
—Adela, Luc, Nico, quedaos un momento, por favor.
Los tres aludidos abrieron primero los ojos y después se miraron entre sí. El que menos, se aplastó en el asiento como si acabasen de pegarlo con cola de impacto. El resto de los alumnos se evaporó en cuestión de segundos. Algunos les lanzaron miradas de ánimo y solidaridad, otros de socarrona burla.
—A pringar —susurró uno de los más cargantes.
Adela, Luc y Nico se quedaron solos. Solos con Felipe Romero, el profesor de matemáticas. El Fepe para los amigos, además del profe o el de mates, que era como se le llamaba comúnmente.
El maestro no se puso en pie de inmediato ni empezó a hablarles en seguida. Continuó sentado estudiando algo con atención. El silencio se hizo omnipresente a medida que transcurría el tiempo. Más allá de ellos, tras las ventanas, la algarada que hacían los que ya estaban en el patio subía en espiral hasta donde se encontraban.»
(Jordi SIERRA I FABRA; Barcelona, 26 de julio de 1947. Inicio del “Capítulo 1 de  
El asesinato del profesor de matemáticas, 2002.)
Alguien más o menos preciso, más o menos ubicuo, más o menos imaginario, pero con mando en plaza (Merkel, la troika, los mercados, las agencias de rating, qué sé yo) dice el nombre de nuestro país (seguramente junto a otras penínsulas mediterráneas de gran tradición clásica) y nuestras autoridades proceden, prestas, a abrir desmesuradamente los ojos, a mirarse con signos compartidos de cautela y suspicacia, a tratar de pegarse a cualquier rincón o elemento protector para que su presencia sea lo menos notoria posible.
Y ya está... O no está, porque seguramente la cosa acabará en que, digan lo que digan los mandamases, nuestras autoridades aprovecharán para meternos en vereda, para hacernos más fuertes en el sufrimiento creciente, para rebajar los humos de nuestros pretendidos derechos... Vamos, todas esas cosas que se hacen por nuestro bien: quitarnos dinero, quitarnos la vivienda, quitarnos un poquito de salud y educación cada día, quitarnos atención a nuestras dependencias,... ¡Loable empeño que, sin duda, hará a quienes logren sobrevivir mucho más resistentes ante la adversidad!.
E, ingratitudes de la vida, lejos de rendir la pleitesía debida no hacemos más que protestar contra ese noble afán de nuestras autoridades (y, para colmo estético, somos feos, ya lo decía Arturo Fernández, que los guapos como él no protestan).
La cuestión es que esos sacrificados paladines del recorte de bienes y derechos tienen nombre... Y el descrédito público de su nombre ya lo refleja hasta las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas.
Porque ni siquiera hacen caso a sus amos cuando alguno de ellos discrepa de la teología del ajuste (como es el caso, ahora, del nada revolucionario Fondo Monetario Internacional, persuadido ya, tras su larga experiencia de décadas condenando a países latinoamericanos y africanos a la quiebra, de que, sólo con recortes y sin inversión pública que anime la economía, cualquier conato recuperación es inviable).
Además es que todos esos amos (Merkel, la troika, los mercados, las agencias de rating, qué sé yo), como los imaginarios sociales de Cornelius Castoriadis, son mucho más determinantes del comportamiento de quienes de ellos participan que determinados, definidos, precisos. Y contra los imaginarios colectivos, por su alta indeterminación, sólo se puede dar la batalla en el plano simbólico. Pero eso es demasiado lento, sobre todo cuando se ocupa una posición totalmente marginal con respecto a las grandes industrias culturales, para que pueda salvar o consolar siquiera a quienes tienen su vida precarizada... Así que, con frecuencia, sólo acertamos a temblar con la algarabía de fondo de unas solidaridades y unas burlas igualmente confusas.
Nacho Fernández del Castro, 5 de Diciembre de 2012

jueves, 21 de junio de 2012

Pensamiento del Día, 21-6-2012


«Esta vida cultural recibe, pues, su unidad a través de una curiosa instancia: el público, de entidad amorfa, incorpórea, inconsistente y un tanto fantasmagórica, que es al mismo tiempo juez y mercado para el intelectual...»

 

 (Francisco AYALA GARCÍA-DUARTE; Granada, 16 de marzo de 1906 - Madrid, 3 de noviembre de 2009. Razón del mundo: Un examen de conciencia intelectual, 1962.)
Hace cincuenta años el público era quien daba, desde su inconsistencia fantasmagórica, unidad difusa (también, con frecuencia, confusa) a eso que solía llamarse la vida cultural... El público juzgaba, con su participación activa en el mercado de la cultura, lo que merecía la pena y lo que no, las personas que debían seguir desarrollando una tarea intelectual y las que era mejor que se dedicasen a cualquier otra cosa... Y, desde luego, lo hacía con criterios amplios en los que cabían Corín Tellado y Gonzalo Torrente Ballester, Concha Piquer y Cristóbal Halffter, Radio Topolino Orquesta y Manolo de Vega, Alfonso Paso y Alfonso Sastre... La producción cultural estaba en manos de pequeñas empresas que actuaban como más o menos entusiastas intermediarias culturales.
¿Qué pasa ahora?... Como ocurre en el mundo político, son “los propios mercados” los que dictan las normas y los que determinán qué cultura debe hacerse, para qué y para quién... Bajo la dictadura de las grandes empresas culturales (verdaderas “transnacionales del espectáculo”) se seleccionan públicos destinatarios para fabricarles productos culturales “adecuados”. Y estas industrias de la cultura-espectáculo seleccionan intelectuales dispuestos a servir a sus intereses (ideológicos y económicos), los manipulan y transforman para ajustarlos a los mismos, los inventan y fabrican cuando es preciso... Todo para delimitar, ahora con mucha mayor precisión, con lógica menos difusa, con intencionalidad nada confusa, sus audiencias. O sea, el público cautivo de un imaginario social industrialmente consolidado.
Es, ni más ni menos, el paso al límite de la proletarización del (cada vez más alienante y precario) trabajo intelectual.
Nacho Fernández del Castro, 21 de Junio de 2012