Mostrando entradas con la etiqueta Sueños rotos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sueños rotos. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de junio de 2014

Pensamiento del Día, 26-6-2014



«No paseo. Ni ando. Voy a casa.
Cayó del monedero el bono-bus
y tengo cinco duros. Ni para
cerveza me queda. Te amé
escrupulosamente. Iba
a charcuterías y te invitaba
a cenar. Eso era una muestra
evidente de mi ternura. No
tengo nada. Nada.»



(Concha GARCÍA; La Rambla, Córdoba, 1956 . “Anomalía” en Pormenor, 1992.)



Vivimos, quizás, los entusiasmos juveniles de una transición intransitiva fraguada por poderes que, con firme voluntad de perpetuación, no admitían complementos directos (ni, en realidad, de ningún otro tipo)... Y nos frustramos, pero seguimos adelante.



Vivimos, tal vez, la recelosa esperanza de una socialdemocracia antisocialmente pseudodemocrática que, lejos de gestionar el capitalismo, fue dejándose gestionar por él para perpetuarlo con parches caritativos mientras reformaba lo necesario para que los amos del mundo no se sintieran importunados... Y nos sentimos desencantados, pero seguimos adelante.



Vivimos, acaso, a pleno grito de protesta en la calle la ufana desvergüenza del aznarismo y su “neoliberalismo sin complejos” gestionado por los viejos conservadores en una sumisión sonrojante al imperio para que dejase a nuestros gobernantes ser sus perros falderos (ni siquiera guardianes)... Y nos sentimos asqueados, pero seguimos adelante.



Vivimos, por supuesto, con escéptica expectativa el advenimiento de un zapaterismo tan decidido en su política de gestos gratuitos en las políticas de reconocimiento como inane en la articulación de una vida mejor para toda la ciudadanía... Y nos sentimos un poco estúpidos por los mínimos restos de confianza destruidos, pero seguimos adelante.



Aquí y ahora, andamos, en el dontancredismo reformista de Rajoy, entre la protesta ante tanto recorte y retroceso social y la lucha personal por un poco de mortadela o un bono-bus que nos permita seguir amando escrupulosamente la vida y a quienes en ella nos rodean... Y nos sentimos indignados, porque es que no tenemos ni para una cerveza. No nos queda nada, ni un anhelo bajo tantos sueños rotos, ni una marchita esperanza que seguir regando... Nada.



¿Podemos?.



Nacho Fernández del Castro, 26 de Junio de 2014

domingo, 15 de junio de 2014

Pensamiento del Día, 15-6-2014



«¡Mi corazón
amo de naufragios
no sabe cómo sobrevivir a la esperanza!.»
 (María Clara GONZÁLEZ DE URBINA; Bogotá, Colombia, 1952. “Corceles de fuego” en  
Pasajeros del viento. Poemas (1993-1995), 1996.)
En un mundo en el que casi todo nos duele, donde cada mirada descubre nuevas sombras en cada instante, donde la corrupción es la norma... En un presente, siglo veintiuno, que, por desgracia, ha desarrollado al límite el siniestro retrato que del siglo anterior hiciera el gardeliano tango “Cambalache” (que Enrique Santos Discépolo escribiera en 1934 para la película El alma del bandoneón), porque, a fin de cuentas, “hoy [y cada vez más] resulta que es lo mismo /  ser derecho que traidor, /  Ignorante sabio o chorro, /  generoso o estafador. / (...) Es lo mismo el que trabaja /  noche y día como un buey, /  que el que vive de los otros, /  que el que mata, que el que cura / o esta fuera de la ley”... Y es que, en suma, tras la torticera interpretación del “todo vale” postmoderno por el espíritu neoliberal de los tiempos, está claro que el lema es “No pienses mas, /  sentate a un lao, /  que a nadie importa /  si naciste honrao”, porque lo vemos cada día y en todos los lugares de esta sociedad de las apariencias y el espectáculo: “si uno vive en la impostura /  y otro roba en su ambición, /  da lo mismo que sea cura, / colchonero, rey de bastos, /  caradura o polizón”... Y, aunque podamos tener la tentación, cuando el despropósito nos lacera la piel, de gritar “¡Que falta de respeto, /  que atropellaba la razón!... /  Cualquiera es un señor, /  cualquiera es un ladrón”, en realidad todos sabemos que son los mejores ladrones, los de guantes más blancos y cuellos más duros, los que se convierten  en grandes señores y amos del mundo.
Product DetailsAsí que, poco a poco o de repente, vamos teniendo un corazón que sólo atesora naufragios y sueños rotos... Un corazón que, en su hábito de afrontar precariamente tempestades (o crisis/estafas), se siente cada vez más incapaz de sobrevivir a cualquier esperanza... Por mucho que algunos soplos de brisa le digan que podemos.
Porque el buen náufrago no sabe ya más que esperar el embate de la próxima ola, y cualquier distracción esperanzada sabe que puede ser su fin. “¡Dale no más, dale que va!”...
Nacho Fernández del Castro, 15 de Junio de 2014

martes, 4 de febrero de 2014

Pensamiento del Día, 3-2-2014



«Fracasé. Fue mi culpa. Lo reconozco.
Pero en manera alguna pido perdón o indulgencia:
Eso me pasa por intentar lo imposible
 (José Emilio PACHECO BERNY; Premio Iberoamericano de las Letras Jose Donoso 2001, 
Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2004, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2009, Premio Miguel de Cervantes de Literatura Castellana 2009;  Ciudad de México, 30 de junio de 1939 - 
26 de enero de 2014. “Despedida” en Tarde o temprano (Poemas 1958-2009), 2000.)
Sabemos que vivimos entre sueños rotos, en un oscuro y sucio almacén de maniquíes desmembrados que otrora fueron ánimo vivo, proyecto ilusionante, esperanza cierta... Sabemos que vamos de fracaso en fracaso hasta esa derrota final que se llama muerte, porque nada hay más falaz que las supuestas curaciones procedentes del paso del tiempo (¿el tiempo todo lo cura?; no, el tiempo todo lo mata)... Sabemos y debemos reconocer que en tanto descalabro es notoria nuestra dosis de culpa por la levedad de nuestro ánimo, por lo ilusorio de nuestros proyectos, por lo incierto de nuestras esperanzas, por dejar a la deriva las mejores utopías hasta tornarlas en fútil quimera.
Pero, aún sabiendo todo eso, también sabemos, con Baruch Spinoza, ese agudo judío tallador de lentes, que “quien se arrepiente es doblemente miserable”.
Así que procuramos no tener que arrepentirnos, no sentir nunca la perentoria necesidad de buscar el perdón por nuestros actos, no  esperar indulgencia alguna... Y, por eso, sabiendo que nuestros sueños serán rotos y nuestras utopías burladas, debemos tener al menos el valor de pretender siempre lo imposible. Por mucho que nos lo reprochen los poderes establecidos y sus voceros.
Bien lo sabía José Emilio Pacheco... Y empleó toda su voz, todo su aliento, en demostrarlo con cada gesto humilde y con cada sublime verso... Ya no podrá seguir en sus empeños imposibles.
Relevémosle y rebelémosnos.
Nacho Fernández del Castro, 3 de Febrero de 2014