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lunes, 18 de junio de 2012

Pensamiento del Día, 18-6-2012


«El mar: 
mientras lo miras 
se evapora.»
 
 (José CORREDOR MATHEOS; Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1929. Y tu poema empieza, 1987.)
Así es el asunto... Mientras miramos las cosas, éstas, sujetas a su propia dinámica, dejan de ser lo que estábamos observando, se transforman.
Por eso, igual que el mar se evapora, la realidad cambia... El mar, aunque la lluvia le devuelva parte del agua evaporada, nunca volverá a ser el mismo... La realidad, aunque nos empeñemos en hacerla presente tal como era, nunca lo será ya.
Así que, si queremos que el mar no sufra grandes alteraciones es mejor que intentemos calcular el efecto de nuestras propias acciones en los procesos de evaporación y precipitación para evitar alterarlo inconvenientemente... Y si queremos que la realidad permanezca o se transforme en un sentido determinado, es mejor que dejemos de observarla y participemos en los procesos que determinan sus cambios.
¿Qué es una tarea difícil y con resultados previsiblemente poco satisfactorios?... Nadie dijo que la vida fuese fácil y la satisfacción estará precisamente en darle un cierto sentido intentándolo.
Nacho Fernández del Castro, 18 de Junio de 2012

sábado, 16 de junio de 2012

Pensamiento del Día, 16-6-2012


«Me obsesionaba la idea de que con la cabeza rota había sobrevivido aún dos horas y no saber si se habría arrepentido en esa frontera que separa la vida de la muerte.
En los años que siguieron, deambulé por consultorios de psicólogos y psiquiatras, por gabinetes de videntes o espiritistas que me lo “devolviesen” de alguna manera. La tristeza y depresión eran un pozo que no tenía fondo y yo soñaba sólo con descansar.»
 
 (Isabel PISANO; Montevideo, Uruguay, 1944 . El amado fantasma, 2002.)
Saber que un ser humano lleno de capacidad de resistencia ante los embates de la vida ya no estará más entre nosotros es perder un trozo de lo entrañable que aún queda en el mundo, un pedazo de la esperanza residual en otras realidades posibles... Por eso, aunque, estoicos o epicúreos, alejemos los temores a la propia muerte, la muerte de personas que sentimos cercanas (aunque puedan llevar tiempo geográficamente lejos) y nos han brindado, en alguno o en muchos sentidos, ejemplos de vida, siempre nos deja anonadados, abatidos, confusos y hasta marchitos.
Sentimos entonces, inevitablemente, que la vida carece por completo de sentido o, tal vez, que si algún sentido tiene, es precisamente ése, el de la total carencia de cualquier sentido global, el de la remisión inevitable de la pregunta por el sentido a lo concreto, a lo personal, a lo subjetivo, a lo intransferible. Algo que va más allá de los "profesionales de la (des)orientación vital", de psicólogos y psiquiatras, de videntes y espiritistas... Incluso de metafísicos y ontólogos.
Y, probablemente, ante lo que fue latido y ya sólo puede ser memoria, estas mismas palabras carecen de todo sentido.
Nacho Fernández del Castro, 16 de Junio de 2012

miércoles, 25 de enero de 2012

Pensamiento del Día, 25-1-2012

«En todos estos casos (y son cuatro entre los muchos posibles) llama la atención de inmediato una macroscópica diferencia entre tales géneros de comunicación musical y aquellos a los que nos tenía acostumbrados la tradición clásica. En términos elementales, esta diferencia puede formularse así: una obra musical clásica, una fuga de Bach, Aída o la Sacre du Printemps, consistía en un conjunto de realidades sonoras que el autor organizaba de modo definido y concluso, ofreciéndolo al oyente, o bien traducía en signos convencionales aptos para guiar al ejecutante de manera que éste reprodujese sustancialmente la forma imaginada por el compositor. Estas nuevas obras musicales consisten, en cambio, no en un mensaje concluso y definido, no en una forma organizada unívocamente, sino en una posibilidad de varias organizaciones confiadas a la iniciativa del intérprete, y se presentan, por consiguiente, no como obras terminadas que piden ser revividas y comprendidas en una dirección estructural dada, sino como obras "abiertas" que son llevadas a su término por el intérprete en el mismo momento en que las goza estéticamente.»
 (Umberto Eco; Alessandria, Italia; 5 de enero de 1932. Obra abierta, 1962.)
La vida, en último extremo, nunca es un dato inexorable... Aparece siempre como posibilidad abierta, como un conjunto más o menos finito de organizaciones posibles de los elementos circundantes. Como diría Sartre, incluso en los casos más extremos, un prisionero encadenado tiene siempre la posibilidad de conjurar su voluntad para dejar de respirar, imponiendo a su destino el momento de su muerte...
El arte, imitación de la vida (aunque ya sea tópico decir que ésta, con frecuencia, lo supera), también se abre inevitablemente, en la postmodernidad, a la interpretación de quien lo disfruta (o padece). Y en este tiempo de apariencias e imposturas se torna, con frecuencia, efímera sombra al servicio de los intereses de los políticos de turno. No interesa la interpretación unívoca, la posibilidad de “fijar sentidos” por parte de una masa crítica de intérpretes...
Es, en fin, una vez más, como la vida... La individualización de las interpretaciones, la fragmentación de la experiencia (estética o vital), hacen imposible la rebeldía ante el oprobio. Ya parece que sólo cabe asumir de mil modos este interesado caos.

Nacho Fernández del Castro, 25 de Enero de 2012