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El Martes, 20
de Diciembre de 2016, a las 19’30 horas, en el Centro
Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón), se desarrollará la
sesión mensual del Foro Filosófico
Popular “Pensando aquí y ahora” que, como cierre de la Programación del tercer
cuatrimestre, abordará el tema «La filosofía ante el impulso solidario aquí y ahora: Del
“apoyo mutuo” más allá de esencialismos y competencias». La sesión se plantea
como reflexión general y concreta que, partiendo por ejemplo de la visión de la
vieja Europa, cuna de las mejores revoluciones,
de los mejores valores, de las más
asentadas democracias, poniendo
barreras físicas y administrativas a cuantas poblaciones buscan refugio en ella,
restringiendo incluso el derecho de libre circulación por el llamado“espacio Schengen” a cualquier avalancha
de refugiados que se considere demasiado tumultuosa, por muy benemérita que
pueda parecer… ¡Mal negocio ha sido siempre necesitar
la solidaridad del otro, pero hoy lo es mucho más!. Las presiones del refugio económico ante un mundo
profundamente injusto en el reparto de la riqueza, han convertido en papel
mojado cualquier normativa sobre asilo que pudiera acercarse siquiera mínimamente
a algo parecido al “apoyo mutuo” entre poblaciones, incluso en los países de
mayor tradición, como Francia o Estados Unidos... La placa de bronce que se
añadió en 1903 a
la Estatua de
la Libertad
con el final del soneto de de Emma Lazarus ya parece haber perdido todo
sentido: «"¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!"
grita ella./ "¡Dadme a vuestros
rendidos, a vuestros pobres./ Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en
libertad./ El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas./ Enviadme a
estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades, a mí!./ ¡Yo elevo mi
faro detrás de la puerta dorada!"»... Hoy ya nadie, persona o
institución, parece estar dispuesto a abrir puertas doradas ante quien necesita
refugio y solidaridad en este mundo.
Pero, además, el propio tratamiento que en el
mundo económicamente desarrollado (y
subdesarrollante) se está dando a derechos elementales para la convivencia
cotidiana, como por ejemplo la educación
o la salud, los convierte en meros medios para fines externos a la propia ciudadanía que recibe (o no) los servicios que los articulan, lo que, en
la práctica, constituye su negación como derechos
y su conversión en bienes en el mercado.
En realidad, su consideración como derecho
es indisociable del carácter universal,
igualitario y gratuito del servicio correspondiente, es decir de su gestión y prestación públicas,
independiente de cualquier condición individual de las personas destinatarias
(clase social, sexo, creencia religiosa, ideología política, práctica sexual,
etnia, etc.).
Lo contrario supone dejar la educación y la salud al albur de la iniciativa
privada y del devenir de los mercados de servicios, e implica
convertir, en la práctica, el nivel de acceso posible de cada cual a las
prestaciones educativas y sanitarias en un bien patrimonial más
que se añade a sus posesiones (vivienda, electrodomésticos o vehículo) como
símbolo de status. O sea, una sociedad bajo el principio de “quien
quiera salud o educación, que se la pague (si puede y en la medida que pueda y
quiera)” que se proyecta en las tensiones privatizadoras que sufren
estos derechos básicos marcando el camino, en primer lugar, hacia su ya
citada disolución como tales, y, por añadidura, hacia el continuo deterioro de
la calidad democrática de nuestros sistemas políticos...
Y,
sin embargo, una situación como la actual, en la que (crisis/estafa por el medio) cualquier derecho básico, es potencialmente
recortado y relegado ante los “intereses
superiores” de ese ente difuso que se ha dado en llamar “los mercados”, derivando incrementos constantes de una injusticia distributiva del bienestar
que ya era insoportable, parece haber generado algunas respuentas
ciudadanas que apuntan pasos materiales
hacia un mundo más humano caracterizado
por una suerte de retorno a viejas
prácticas del apoyo mutuo (sí,
aquel que ya en 1902, El Apoyo Mutuo: Un factor de la Evolución, Piotr
Alekséyevich Kropotkin señalaba como clave etnológica frente a los
delirantes discursos del darwinismo
social), de la solidaridad entre
iguales que, al margen de la tutela del Estado, tratan de recuperar una
concepción colectiva del bienestar.
Y, sin embargo, el discurso oficial y el imaginario
dominante sigue imponiendo fortalezas, cerradas a cal y canto para tantas gentes
desamparadas como respuesta al devenir contemporáneo del llamado conflicto Norte/Sur, que supone que sobre las bases plurinacionales que dieron lugar a la
constitución de los Estados modernos,
hace poco más de dos siglos, y la polietnicidad
derivada de sus prácticas colonialistas
a lo largo del siglo XIX, se van multiplicando hoy en el mundo económicamente desarrollado (y subdesarrollante), el llamado Norte, las “presiones” del flujo migratorio (económico y político) masivo
procedente del mundo económicamente
subdesarrollado (y desarrollante), los países del llamado Sur… Porque este proceso va reconfigurando
nuestras sociedades en una suerte (más bien desgracia) de multiculturalismo de la desigualdad sobrevenido que se añade al conflicto cultural propio de las sociedades complejas (con fenómenos contraculturales que rechazan y
dinamizan la cultura dominante; con subculturas,
como la rural, la femenina o la de las
opciones sexuales minoritarias, que tratan de resistir y modificar el
carácter urbano, masculino y heterosexual
de la cultura hegemónica;…). Porque,
mientras, la disolución del viejo conflicto
Este/Oeste ha dejado expedito el camino hacia el poder real (y hacia
los imaginarios colectivos que
deriva) al neoliberalismo rampante,
que, con su “discurso único” trata de legitimar las políticas de ajuste estructural
(en realidad, la transferencia al
sector privado de toda actividad susceptible de ser convertida en negocio, bajo el principio de “privatizar las ganancias y socializar las
pérdidas –ya sea mediante la acción residual de los Estados, cuando se trata de empresas o entidades financieras que ven frustrado su “afán emprendedor”, o,
cada vez con mayor frecuencia e intensidad, de la mera solidaridad colectiva, cuando se trata de personas que ven precarizada su vida-“)… Y ello, supone,de
hecho, en lo global y en lo local, actos y prácticas que violan
sin recato los principios que articulan la mismísima Declaración Universal de los Derechos Humanos, desde la primera generación de esos derechos humanos (con quiebras
evidentes del principio de libertad a
favor del “imperio del más fuerte”),
a la tercera (con quiebras del
principio de solidaridad como éstas
de las que hoy participan los gobiernos europeos ante los flujos de personas
que huyen de la situación provocada en Oriente Próximo y Medio), pasando por
la segunda
(con quiebras del principio de igualdad que suponen el desmantelamiento
efectivo de los incipientes Estados del
bienestar) … Todo ello sucede,
claro está, en plena crisis del concepto
de Estado-nación, ya sin verdadera capacidad para administrar con la más
mínima autonomía su territorio al estar en cuestión las propias ideas de Estado de Derecho, Estado Social de Derecho y el marco moderno de relaciones internacionales…
Un lugar y una hora, en fin, donde las principales
percepciones, actitudes y comportamientos ante “los otros” no pueden ya conformarse con una tolerancia discursiva al servicio del “juego de las alteridades”
(por ejemplo, con los discursos y prácticas de la tolerancia cero que, en realidad, sirven para legitimar el
incremento del control social sobre
mentes y cuerpos). Y, por ello, debemos someter a crítica los propios
procesos de construcción formal
(normativa) de la tolerancia en nuestras sociedades, en cuanto se ven
orientados por una concepción meramente mecánica (tolerancia como “desviación admisible de la norma”) al servicio de
los intereses hegemónicos del mercado
(como se ve nítidamente, por ejemplo, en propuestas viejas y nuevas ante la
inmigración pluriétnica, como el llamado “contrato
de integración”), que tratan de anular toda tentación de ese apoyo mutuo, de esa solidaridad entre iguales. Porque sólo así podremos contribuir al
debate y la reflexión compartida sobre la moralidad
y viabilidad humana de las consecuencias políticas y sociales (más
allá del mero cálculo económico -“sólo el necio confunde valor y precio”
diría Antonio Machado-), de ese apoyo
mutuo como vía de resistencia material posible ante la sinrazón
perpetuadora de la injusticia excluyente
(que, por ende, es el caldo de cultivo más propicio para el odio, la violencia
y el terror).
¿Cabe pues, aquí y ahora, en estas sociedades
“desarrolladas”, el ensayo de soluciones
simples (como el mero filtrado u obstaculización de los “flujos de la desesperación”
que ahora practica la otrora acogedora y hoy descompuesta Europa con quienes
huyen del hambre o el terror cotidianos, como la mera exclusión o la expulsión
selectiva manu militari) para los conflictos derivados de la construcción
histórica de colectividades complejas?...
La tentación excluyente en ese
mundo globalizado e interconectado, que tanto gusta de publicitar el pensamiento neoliberal, parece vana y
absurda, pues, entre otras cosas, exigirá el continuo reforzamiento de esa manu militari (a la vez que se levantan
muros cada vez más altos con “concertinas” cada vez más hirientes para los
cuerpos desvalidos y los valores de la humanidad toda) que, ante la radical injusticia en el reparto mundial de
la riqueza, resista por la fuerza la presión de los más desfavorecidos… ¿Es,
más bien, la respuesta más adecuada aquella que, partiendo del (re)conocimiento del otro, busca la
realización material de las condiciones
objetivas para el desbordamiento de la alteridad en un pluralismo complejo capaz de entender
y posibilitar la convivencia cotidiana a partir del impulso solidario que
deriva en apoyo mutuo?... Y, ¿cómo hacerlo?.
Todo ello será introducido, en sus aspectos
conceptuales y básicos, y desarrollado por el propio coordinador del Foro, José
Ignacio Fernández del Castro, que, como siempre, facilitará a las personas
participantes un dossier de elaboración propia con documentación sobre
el tema abordado, incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones bibliográficas
y cinematográficas, artículos e informaciones de interés, chistes, etc.. Tras su intervención (e, incluso,
durante la misma) habrá un debate general entre todas las personas presentes
(recordamos que, en relación con este Foro se habrá proyectado ya, el jueves, 15
de Diciembre, en el Cine-Forum “Imágenes para pensar”, la película Amélie, 2001, de Jean-Pierre Jeunet). La sesión, se celebra en relación con el Día Internacional de la Solidaridad Humana (20 de Diciembre) y tendrá lugar en el Aula 3 (Segunda Planta), con asistencia libre.