viernes, 25 de octubre de 2019

EL CENTRO MUNICIPAL INTEGRADO DEL LLANO CONTINÚA, EL DÍA 29 DE OCTUBRE, LA PROGRAMACIÓN DEL TERCER CUATRIMESTRE DE 2019 DE SU FORO DE FILOSOFÍA POPULAR CON UNA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE LAS SOMBRAS DEL PRESENTE AQUÍ Y AHORA (SOBRE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS Y NO VIOLENCIA)


Resultado de imagen de Gandhi por Banksy
El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón), en la sesión del mes de Octubre-2019 (Martes, día 29, a las 19’30 horas), continuando con la Programación del Tercer Cuatrimestre de 2019 de su Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora”, abordará el tema «La filosofía ante las sombras del presente aquí y ahora: Sobre resolución de conflictos y no violencia». La sesión se plantea como reflexión general y concreta que ha de partir necesariamente de la vivencia cotidiana de un multiculturalismo, diverso en su origen pero siempre creciente en nuestras suciedades, que debe ser capaz de someter a crítica los diversos tratamientos y propuestas políticas para abordar dicho fenómeno y trascenderlo en aras de un pluralismo que facilite una convivencia enriquecedoraPorque, en efecto, los países económicamente desarrollados (y subdesarrollantes), el llamado Norte, se convierten en un foco de atracción irresistible (fuertemente mediado por por el “espejismo” que pergeñan los nuevos mass media globalizados) para millones de seres humanos que apenas pueden sobrevivir precariamente en los países económicamente subdesarrollados (y desarrollantes) del llamado Sur … Esta migración económica, unida a otras de franco refugio frente a los estallidos del caos de este mundo en sus territorios de origen, se suman al propio carácter plurinacional y poliétnico de la constitución de los Estados-nación contemporáneos, para convertir las sociedades del presente en un abigarrado muestrario de diversidad humana, en un ámbito radicalmente multicultural y potencialmente generador de conflictos… ¿Cómo garantizar entonces, hoy, aquí y ahora, el sostenimiento de la cohesión social indispensable para una buena y próspera convivencia?, ¿cómo asumir, desde las naciones y culturas hegemónicas, desde las “sociedades receptoras”, la diferencia normativa, radical en tantas ocasiones, sin renunciar a la esencia misma de su pluralismo constitutivo?. ¿Cómo asumir por las naciones y culturas periféricas, por las “sociedades emisoras”, la frustración de sus aspiraciones y esperanzas en una perpetuación de la miseria relativa (y hasta absoluta)?... ¿Cómo armonizar, en fin, la tolerancia, como condición de posibilidad de la convivencia pluralista, con las tensiones fundamentalistas que, con uno u otro signo, tratan de negarla?.  
Resultado de imagen de Banksy y la desobedienciaY es que el propio sentido de la tolerancia ante la diversidad entra en crisis en este tiempo y este mundo donde las bases ética y étnicamente plurinacionales que dieron lugar a la constitución, moral y política, de los Estados modernos, hace poco más de dos siglos, se van viendo desbordadas por la polietnicidad derivada de sus prácticas colonialistas a lo largo del siglo XIX que hoy derivan en la generalización en las antiguas metrópolis, el llamado Norte, de flujos migratorios económicos y bélico-políticos masivos procedentes de las viejas colonias, los países del llamado Sur, configurando una suerte de multiculturalismo por superposición, que se añade al conflicto cultural propio de las sociedades complejas (con fenómenos contraculturales que rechazan y dinamizan la cultura dominante; con subculturas, como la rural, la femenina o la de las opciones sexuales minoritarias, que tratan de resistir y modificar el carácter urbano, masculino y heterosexual de la cultura hegemónica; con tensiones identitarias que se radicalizan frente a las contradicciones y malestares derivados la vieja homogeneización cultural y la nueva globalización económica…). Paralelamente, cada yo que forma parte de la ciudadanía de estas sociedades se torna múltiple tanto en sus identidades dadas (género, etnia, clase social, opción sexual…) como en las de adscripción voluntaria (relaciones sociales, religión, ideología, consumo,…), de tal suerte que sus manifestaciones identitarias (y su gestión de la alteridad) podrán ser muy diversas en el devenir del tiempo según la situación, el contexto de relaciones o el propio ánimo subjetivo… Vivimos, pues, un lugar y una hora donde las principales percepciones, actitudes y comportamientos ante “los otros” no pueden ya afrontarse desde una tolerancia discursiva al servicio de una gestión interesada y/o comercial del “juego de las alteridades” bajo las presiones homegeneizadoras del ser y el estar en nuestro mundo (que, por ejemplo, tratan de reducirlas a “identidades de consumo” o de integrarlas/someterlas a los discursos y prácticas de la tolerancia cero que, en realidad, sirven para legitimar el incremento del control social sobre mentes y cuerpos bajo distintas formas y grados de demonización y criminalización –véase, por ejemplo, Tolerancia Cero: Estrategias y prácticas de la sociedad de control, 2000, de Alessandro de Giorgi, o, en un plano más actualizado y local, In-tolerancia Cero: Un mundo con menos normas y sanciones también sería posible y quizás nos gustaría más, 2009, de Santiago Redondo Illescas). Y, por ello, debemos someter a crítica los propios procesos de construcción formal (normativa) de la tolerancia en nuestras sociedades, en cuanto se ven presididos, con demasiada frecuencia y tanto a nivel material como simbólico, por una concepción meramente mecánica (tolerancia como “desviación funcionalmente admisible de la norma”) al servicio de los intereses hegemónicos del mercado (como se ve nítidamente, por ejemplo, en propuestas viejas y nuevas ante la inmigración pluriétnica, como el llamado “contrato de integración”)… Sólo así podremos contribuir al debate y la reflexión compartida sobre la moralidad y viabilidad humana de las consecuencias políticas y sociales de esas orientaciones y prácticas (más allá del mero cálculo económico: “Todo necio / confunde valor y precio” diría Antonio Machado –“Proverbios y Cantares: LXVIII” en Nuevas Canciones, 1917-1930 en su edición de 1936-), intentando alumbrar algunas vías de resistencia material posible ante la sinrazón perpetuadora de esa cada día más visible e insoportable injusticia excluyente (que, por ende, es el caldo de cultivo más propicio para el odio, la violencia y el terror, como, por desgracia, se demuestra cada día).
Resultado de imagen de El Roto sobre Desobediencia civilTodo ello ha de permitirnos tanto comprender (y denunciar) los peligros que acechan tras ese tipo de discursos y prácticas relativos a la gestión instrumental de la alteridad, como debatir de forma radical (yendo a las raíces) el papel del reconocimiento del otro en la problemática reconstrucción política de un verdadero pluralismo sociocultural capaz de desarrollar una auténtica voluntad de resolución (material) de los conflictos derivados. Porque la evolución histórica de los fenómenos migratorios y cuantos han contribuido y contribuyen a la configuración de una realidad multicultural, en cuanto a la percepción de los mismos y de sus reflejos en el tratamiento por el discurso de lo políticamente correcto (tan presente en la concepción, guías y manuales de la educación en valores o la  Educación para la Ciudadanía, convertidas hoy, Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa –LOMCE- por medio, en una educación para la cultura emprendedora que introduce/refuerza en las enseñanzas medias materias como "Iniciación a la actividad emprendedora y empresarial", "Economía", "Tecnologías de la Información y la Comunicación", "Economía de la empresa", "Fundamentos de administración y gestión", insertándose incluso en otras materias mediante objetivos o criterios de evaluación como, por ejemplo, el de "comprender y apreciar la función axiológica de la Ética para establecer un sistema de valores que permita mejorar el clima laboral, comprendiendo que los valores éticos son clave para lograr el equilibrio entre innovación, sostenibilidad y competitividad", para la Filosofía de Primero de Bachillerato) no apunta precisamente en tal sentido… O sea que nuestra perspectiva crítica ante las formas, teóricas y prácticas, de afrontar la diversidad, como hecho, para buscar el pluralismo, como objetivo, ha de cuestionar también la supuesta necesidad de una (re)educación en valores (abstractos) de tolerancia o solidaridad, en tanto que su enfoque se encuentra firmemente asentado en las necesidades estructurales (demanda creciente, para empleos residuales de baja cualificación, de mano de obra precarizable y sumisa) del sistema de desarrollo económico neoliberal, que, por ejemplo, pasa del concepto “Europa fortaleza” a replantearse una “gestión de los flujos migratorios”; no, desde luego, al debate sobre el reconocimiento universal de la libertad de tránsito y asentamiento de las personas, sino como respuesta instrumental ante las necesidades acuciantes de personal (precariamente) dedicado al trabajo de fuerza o a la atención a distintas formas de dependencia para compensar nuestros bajos índices de natalidad y el acelerado envejecimiento de la población… Hechos que cierran tristemente el círculo (muy vicioso), de nuevas necesidades de mano de obra para trabajos asistenciales “de bajo estatus” en el mundo rico…
Resultado de imagen de Eneko sobre Desobediencia civil¿Cabe pues, aquí y ahora, el mero filtrado u obstaculización de los “flujos de la desesperación” que ahora practica la, otrora acogedora y hoy descompuesta, Europa con quienes huyen del hambre o del terror cotidianos), el mero enfrentamiento manu militari, a los conflictos derivados de la construcción histórica de colectividades complejas?... ¿Estamos aún a tiempo para buscar respuestas al conflicto que, partiendo del (re)conocimiento del otro, busquen la realización material de las condiciones objetivas para el desbordamiento de la alteridad en un pluralismo complejo capaz de entender y posibilitar la convivencia a partir del propio conflicto inherente?... Y, ¿no sucede lo mismo con las tensiones identitarias que amenazan las ya deshilachadas costuras de los declinantes Estados-nación?...

Resulta evidente la vinculación de estos planteamientos a la no violencia, como ideología y práctica ético-política que rechazando el uso de la la agresión, en cualquier forma, como medio para “cambiar las cosas” (bajo la convicción de que “todo acto violento genera más violencia”) ha tenido éxitos históricos evidentes, como las luchas de Mahatma Gandhi en la India (véanse sus escritos recogidos en castellano en Política de la No Violencia en 2008) o Martin Luther King (véase, por ejemplo, su famoso discurso “Tengo un sueño”, pronunciado ante doscientas mil personas en Washington el 28 de agosta de 1963, https://www.elmundo.es/especiales/2013/internacional/martin-luther-king/texto-integro.html) en Estados Unidos, o Desmond Tutu en Sudáfrica (véase, por ejemplo, su Sin perdón no hay futuro, con edición en castellano de 2018) o el movimiento sufragista que llenó en 1913 las cárceles inglesas con más de mil mujeres (buena parte de ellas en huelga de hambre), o los movimientos que en la España (y el mundo) de 2012 fueron respondiendo desde la desobediencia a los cambios normativos restrictivos (en materia sanitaria, de vivienda, atención a los inmigrantes, etc.) tras la crisis… Pero el propio Gandhi reconocía que, aunque «la violencia es el miedo a los ideales de los demás», «si hay violencia en nuestros corazones es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia»; Martin Luther King advertía que «no habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano: los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia»; y Desmond Tutu nos apunta claramente que «si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor»… Así que la opción de la no violencia, por mucho que  pretenda (re)humanizar la sociedad, apostando por el poder de la vida para afrontar los conflictos (al fin y al cabo el poder de los gobernantes depende, en último extremo, del consentimiento de la población) señalando como la legitimación de una “organización para la violencia” (que gasta tiempo y recursos en generar una cultura de la guerra basada en valores etnocéntricos, androcéntricos, de competitividad excluyente y destructiva) contribuye en el fondo a desdibujar socialmente el quién y el por qué de las verdaderas víctimas del sistema socioeconómico y político, por lo que difícilmente puede frenar, en esta sociedad postpolítica del control simbólico (completado con porras y togas cuando es menester), lo que ya señalaba Herbert Marcuse (véase, por ejemplo, El hombre unidimensional de 1964, que tuvo edición en castellano ya en 1965): «por muy pacíficas que sean o vayan a ser nuestras manifestaciones, hemos de contar con que se les opone la violencia de las instituciones» (ahí está la interpretación del delito de sedición que hace el Tribunal Supremo en su sentencia del procès, que nos convierte, de hecho, a casi todos en sediciosos) porque, a fin de cuentas,  «una ausencia de libertad cómoda, suave, razonable y democrática, prevalece en la civilización industrial avanzada» (como bien muestra la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de Protección de la Seguridad Ciudadana, todavía en vigor). Y es que, por más que se valore la potencia de los mecanismos tanto voluntarios como condicionados de cohesión social, que se distinga entre la persona y el personajes frente a la construcción de la figura del enemigo, por más que se incida en la importancia de facilitadores de la inclusión frente a la jerarquización social, se refuerce el valor de la legitimidad (material) frente a la mera legalidad (formal), por más que se adopte una perspectiva activa de lucha social comprometida (con métodos no violentos de rechazo y denuncia de y no colaboración con toda forma de discriminación o violencia, de desobediencia civil frete a todo acto de violencia institucionalizada, de fomento de la organización y movilización voluntaria para la solidaridad entre iguales, de apoyo a todos los factores que favorezcan la extensión de una resistencia no violenta y activa frente a las injusticias, o, incluso, de superación de las tendencias violentas en uno mismo) frente a la pasividad (lo que nos sitúa ante una perspectiva de la práctica de la resistencia no violenta que bien puede abarcar desde la desobediencia civil –tan tematizada desde el Henry David Thoreau del Ensayo sobre la desobediencia civil de 1849, con versiones múltiples en castellano hasta la actualidad-, hasta la huelga de hambre, el boicot a productos de consumo o empresas, las manifestaciones pacíficas, los bloqueos con uso del propio cuerpo u objetos auxiliares de actividades nocivas y/o violentas, la no colaboración en actos violentos impuestos, o incluso la creación de estructuras alternativas con vocación de gobiernos paralelos), se encuentra con el hecho de que la sociedad aporta mucha más formación e información sobre coerción violenta que no violenta, que la resistencia ética puede derivar injusticias concretas, o que las vías hacia la negociación (o hacia el mero arbitraje ante el conflicto) aparecen frecuentemente cortadas por la primacía social de la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón  Es, en definitiva, lo que, en su mejor vertiente ilustrada, señalaba Jovellanos (en sus Cartas del Viaje a Asturias –Cartas a Ponz- escritas hacia 1782): «porque trabajar mucho, comer poco y vestir mal es un estado de violencia que no puede durar»…  Lo que, con hálito paradójicamente poético, confirmaba Bertolt Brecht: «sólo la violencia ayuda donde la violencia impera». Ahora bien, si consideramos la desobediencia civil en un sentido estrictamente thoreauniano (ajeno al egoísmo de tantas manifestaciones actuales de una concepción particularista de la objeción de conciencia)  vinculada a los actos de oposición pública y activa a leyes, políticas y actuaciones de gobiernos instituidos cuando quien desobedece tiene conciencia (manifiesta en argumentos racionales) de que de su dudosa legalidad y/o clara ilegitimidad, su esencia se constituye precisamente en torno al logro de un fin, el cambio social que reinstaure la justicia, con medios perfectamente compatibles con los más vívidos y hermosos manifiestos radicales contra la violencia que han producido, por ejemplo, episodios tan tristes de la Humanidad como la Segunda Guerra Mundial, pongamos por caso  la Crítica de la violencia (con reciente edición en castellano de 2010) de Walter Benjamin o Sobre la violencia que Hannah Arendt escribiera en 1970 (con edición en castellano en 2005). Acaso por ello, en tiempos confusos y hasta oscuros como el presente (véase, por ejemplo, Contra todo. Cómo vivir en tiempos deshonestos, 2016 -2018 en la edición en castellano-, del vigoroso ensayista thoreauniano Mark Greif) se multiplican en las redes sociales los llamamientos a distintas formas de desobediencia civil en actos calificados de ilegales por el poder realizados con carácter público y plena consciencia de sus causas y consecuencias (como, blanco sobre negro, refleja el Ensayo de un científico sobre la desobediencia civil, 2016, del biólogo Fernando Cervera Rodríguez). Y es que si, en definitiva, las leyes no deben sino regular la convivencia en paz, cuando la dificultan o impiden deben ser combatidas: es un contrasentido la “no convivencia pacífica” (no en vano afirmaba Thoreau que «bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión»)… Pero hay cierta inocencia (podríamos decir que es víctima de las esperanzas de su tiempo, el siglo XIX) en Thoreau cuando considera que «el gobierno por sí mismo, que no es más que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir», porque ignora todos los procesos que llevan a establecer nítidas servidumbres del poder formal (gobierno) hacia el poder material (económico) que dejan fragmentado, equívoco, difuso y confuso el propio concepto de “pueblo” (véase, por ejemplo, las vívidas reflexiones sobre ¿Qué es el pueblo? de Alain Badiou, Pierre Bordieu, Judith Butler, George Didi-Huberman, Sadri Khiari y Jacques Rancière publicadas en 2013 -2016 para la edición en castellano-).

Resultado de imagen de Eneko sobre Desobediencia civilTodo parece apuntar, pues, a una legitiEscuelamidad de la coerción no violenta (aunque pueda violentar a algunos) a los ataques violentos con los que los gobiernos aplastan los derechos ciudadanos, muy especialmente cuando la ciudadanía siente en su aliento toda esa impotencia (ya percibida por Gandhi) derivada de la inutilidad de llamar a tantas puertas institucionales selladas para las esperanzas y demandas humanas… La voluntad de resolución pacífica de los conflictos implica la articulación de cauces para una comunicación no violenta y simétrica en la que las partes sean capaces de articular una observación (distanciada) para el análisis de la situación que permita reconocer el conflicto en todas sus dimensiones, atender a los sentimientos y a las necesidades objetivas implicadas y formular racionalmente las condiciones y demandas que deben entrar en un diálogo para la resolución. Porque sólo desde esa voluntad y práctica podremos enfrentarnos a la tentación excluyente en ese mundo globalizado e interconectado, que tanto gusta de publicitar  el pensamiento neoliberal pero tan eficiente es en la producción de “excedentes humanos”… Tentación que, en todo caso, parece vana y absurda considerada a medio y largo plazo, pues, entre otras cosas, exigirá el continuo reforzamiento de una manu militari (a la vez que se levantan muros cada vez más altos con “concertinas” cada vez más hirientes para los cuerpos desvalidos y los valores de la humanidad toda) que, ante la radical injusticia en el reparto mundial de la riqueza, resista por la fuerza la presión de los más desfavorecidos… El reto es entender y posibilitar la convivencia a partir del “reconocimiento del otro” y del propio conflicto... Porque, ya lo decía Desmond Tutu: «reparar injusticias sin crear justicia siempre termina empeorando la realidad». Lo vemos cada día.
Resultado de imagen de Día Mundial de la No ViolenciaEste planteamiento será desarrollado, desde un enfoque participativo y problematizador, por el propio coordinador del Foro, José Ignacio Fernández del Castro, que, como siempre, facilitará a las personas participantes un dossier con documentación sobre el tema abordado (incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones bibliográficas y cinematográficas, e informaciones de interés). Tras su intervención (e, incluso, durante la misma) habrá un debate general entre todas las personas presentes. La sesión, que se celebra en relación con el Día Internacional de la No Violencia (2 de Octubre),  tendrá lugar en el Aula 3 (Segunda Planta), con asistencia libre.

viernes, 20 de septiembre de 2019

EL CENTRO MUNICIPAL INTEGRADO DEL LLANO COMIENZA, EL DÍA 24 DE SEPTIEMBRE, LA PROGRAMACIÓN DEL TERCER CUATRIMESTRE DE 2019 DE SU FORO DE FILOSOFÍA POPULAR CON UNA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE LA ENCRUCIJADA DE LAS DEMOCRACIA AQUÍ Y AHORA (MODELOS EN CONFLICTO ANTE EL PLURALISMO COMPLEJO)

Resultado de imagen de El Roto: dictadura financiera con capa de democracia liberal
El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón), en la sesión del mes de Septiembre-2019 (Martes, día 24, a las 19’30 horas), como cierre de la Programación del Primer Semestre de 2019 de su Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora”, abordará el tema «La filosofía ante la encrucijada de las democracias aquí y ahora: Modelos en conflicto ante el pluralismo complejo». La sesión se plantea como reflexión general y concreta que ha de partir necesariamente del hecho de que  eso que llamamos la ciudadanía de a pie no puede evitar su estupefacción (¿bochorno?, ¿horror?,…) ante la escena política contemporánea; y, como dice el tópico ancestral que “del asombro (incluso cuando nos da pavor) nace la filosofía” , ante ella se plantean interrogantes radicales sobre el sentido y función del gobierno de la polis... En síntesis, ¿es aún posible congeniar, aquí y ahora, en medio de la “dictarura de los mercados” que preside nuestras “sociedades del espectáculo” (véase La sociedad del espectáculo, 1996, de Guy Debord), el reflejo político de la voz del pueblo con la quiebra de las viejas utopías colectivas y la destrucción acelerada de los diversos desarrollos del bienestar social en la sociedad contemporánea?, ¿qué sentido tiene, en ese contexto, la proliferación global de una suerte, o desgracia, de populismo ultranacionalista más allá de los viejos neocon de la “era Thatcher-Reagan”?. Y es que, mientras teorías pragmáticas (y socialdemócratas) más optimistas, como la que se deriva del concepto de proyecto reflexivo del yo en Anthony Giddens (que, en último extremo, podría venir a decir que la literatura de autoayuda es la señal de que, por primera vez en  la historia de la humanidad, se sitúa la intimidad de cada sujeto ante la posibilidad real de la felicidad) o el de sociedad del riesgo de Ulrich Beck, se empecinaban en presentarnos este mundo, si no como “el mejor de los posibles”, sí, al menos, como “el de las mayores oportunidades y mejores expectativas posibles”; las evidencias se empeñaban (con un número creciente de yos imposibilitados para cualquier reflexión sobre su propio proyecto y un reparto cada vez más desigual de los riesgos en el planeta, en cada nación, en cada ciudad, en cada barrio...) en declarar periclitadas todas las condiciones de posibilidad para una implantación ética y política del bien común (incluso en la versión menguada del político socialdemócrata de sostenimiento de un cierto bienestar, que sus teorías pretendían legitimar)… ¿Cabe, pues, aún la buena ventura, individual y colectiva, en este mundo o, desdibujado el  horizonte de los derechos básicos como inherentes a la condición humana, todo es ya superchería en la mentada sociedad del espectáculo?.
Resultado de imagen de Forges sobre:  democraciaO, dicho en clave explícitamente política, ¿cómo intentar volver a la participación efectiva de la ciudadanía en la toma de decisiones que son relevantes para su vida como punto de partida para recuperar la gestión de la felicidad (individual y colectiva) posible?, ¿cómo recuperar, aquí y ahora, un demos que, más allá del maltrecho concepto (y las indignas prácticas) de la representación popular mediada por los partidos políticos, sea capaz de reconstruir su papel como agente activo de los asuntos públicos?... Porque, evidentemente, el movimiento de los indignados (según el título que recibiera del librito-llamada, Indignez-vous! -¡Indignaos!-, de Stéphane Hessel de 2010) que, especialmente en los años 2011 y 2012, mostró el hartazgo popular extendiéndose por las calles y plazas de todo el mundo,  desde el 15M y la ocupación de la madrileña Plaza de Sol (junto a las más emblemáticas de cientos de ciudades españolas) hasta Occupy Wall Street, , pasando por las cuarenta mil personas que el 29 de mayo de 2011 llenaron con sus quejas la Plaza Syntagma de Atenas, fue la sacudida que situó en primer plano la gran corrupción política, no la del dinero público malversado y robado cuyo eco estaba en los medios, sino la del robo de la propia democracia a través de sufragios ritualizados para alternar en el poder formal, en una representación de teatro de sombras, partidos políticos que actuarían (encubiertos por el patológico síntoma de la “exageración de las diferencias”) como solidarios testaferros de los intereses del verdadero poder, el económico… O, para decirlo con las siempre lúcidas expresiones de El Roto (Andrés Rábago García), un robo que dejaba la ciudadanía bajo una “dictadura financiera cubierta por una deliciosa capa de democracia liberal” (como tan vívidamente muestra, por ejemplo, la investigación de Kostas Jaritos en la novela Offshore, 2016, per Petros Márkareis).
Resultado de imagen de El Roto:  democracia liberalAhora bien, ¿cómo pasar de ese grito sabiamente deslegitimador (el famoso “¡No nos representan!”, que tan evidente se hace en estos tiempos en los que son quienes pretenden ejercer la función pública los que obligan a la ciudadanía a reperir su paso por las urnas hasta que ofrezcan un resultado “homologable por los poderes fácticos del momento, eso que llamamos “los mercados”… y sus comisarios) al combate directo del modelo elitista que caracteriza las democracias parlamentarias (y bipartidistas) existentes sin caer en sus vicios internos (burocratización de procesos selectivos ajenos al debate político como medio para la consagración de castas al servicio de lobbies) y externos (representación real de los intereses de esos grupos de presión con olvido de la ciudadanía de a pie)?.
Resultado de imagen de Forges sobre:  democraciaPorque, si su emblemático grito situó en el debate público la crisis de las democracias representativas en un mundo globalizado que desplaza los centros de toma de decisión política desde las instituciones gubernamentales de los Estados hacia los Consejos de Administración de las grandes empresas transnacionales, y supuso, por ende, una verdadera deslegitimación de unas instituciones pseudodemocráticas y, con ello, de sus instrumentos de dominio (de los medios de comunicación social comprados por el propio poder económico –para construir cosmovisiones e imaginarios colectivos que “naturalicen” el estado de cosas y criminalicen cualquier alternativa- al uso de las porras y las togas al servicio de normas, como la tristemente famosa Ley de Seguridad Ciudadana española, aun vigente, que condenan y castigan toda disidencia y/o resistencia ante lo considerado “políticamente correcto”), la falta de capacidad para traducirlo en cambios materiales en la vida pública institucional, ha llevado pendularmente al surgimiento de demandas de “salvadores” que encarnen el espíritu tradicionalista y autoritario de un nuevo populismo ultraconservador...
Resultado de imagen de El Roto sobre:  democraciaEn esa paradoja parece derivar este fenómeno crítico de la escena política: buscando formas, ya bastante fallidas, para resetear el sistema, que dirían Joan Subirats y Fernando Vallespín (España/Reset: herramientas para un cambio de sistema, 2015), aún cuando las posibilidades de que desde dentro o fuera de las instituciones se pueda articular cambio radical alguno sean mínimas, como argumenta Slavoj Žižek (Acontecimiento, 2014), como bien lo pueden atestiguar las trayectorias de SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical) en Grecia o Podemos en España… Mientras otros se dedican a ir recogiendo el nuevo “desencanto con lo políticamente correcto” (y su incapacidad para desprecarizar la vida) en una ambigua deriva ultraconservadora –que va tiñendo todo ese sector del viejo espectro político-... ¿Podrá salir de la relativa “repolitización de la ciudadanía”, que derivó el 15-M y, a través de los movimientos sociales, extendió ese contraste, la necesaria y urgente reconstrucción participativa de la democracia en una “revolución ciudadana” que devuelva las instituciones al pueblo para que pueda manifestar y ejercer su voluntad de bien común?.
Resultado de imagen de Forges sobre nosotros o el caosDe momento, lo patente y palpable es una pérdida de entusiasmo democrático con las instituciones públicas, aumentada por la vacua recursividad a las urnas (véanse, por ejemplo, La urna rota. La crisis política e  institucional del modelo español, 2014, del colectivo Politikon, o Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia, 2013, de David Van Reybrouck), a la vez que se da una creciente exigencia ciudadana hacia unos servicios públicos menguados en sus recursos: la abstención (con su amalgama de variopintas motivaciones) se ha consolidado por encima del 30% (salvo fenómenos reactivos concreto y muy coyunturales) y es, casi siempre, el no-partido más votado; las encuestas (por ejemplo, las del Centro de Investigaciones Sociológicas) señalan, ya de forma estable, a los representantes políticos como uno de los mayores problemas de este país (por encima del terrorismo o las tensiones territoriales); la corrupción política crece sin parar, con más de mil políticos de diversas adscripciones condenados o imputados en diversas causas (en las últimas elecciones generales, por primera vez, alguno de los “partidos con aspiraciones de gobierno” ha tenido el dudoso honor de tener más políticos encarcelados que escaños en el parlamento) y todos los responsables locales de Urbanismo bajo sospecha; los políticos, por otra parte, cada vez se atrincheran más en una suerte (o desgracia) de casta, conformando élites que se van alternando, según sus propios rituales, en las instituciones del poder formal tras otra casta de burócratas independiente de todo control popular; el fenómeno de las llamadas “puertas giratorias”, paso de las responsabilidades públicas a otras en sectores de la economía privada más o menos directamente relacionados con las antiguas ocupaciones, sigue sin ningún freno real (volviendo a la ironía de El Roto, pare ce que la única perspectiva al respecto es que los políticos acaben diciendo algo como “Vamos a eliminar las puestas giratorias: administración y empresas compartirán despachos”); los servicios públicos son interesadamente menoscabados desde las administraciones mediante una merma de recursos, que se transfieren directa o indirectamente a los negocios privados, aumentando la desmotivación de un funcionariado “abandonado a su suerte”; la ciudadanía responde, con frecuencia creciente, ante esta situación neurotizante con violencia, verbal o física, dirigida a la cara visible de los servicios, el funcionariado que los desempeña; etc. La política parece haber dejado de ser, así, el noble arte dedicado a la mejor organización de la vida en la polis para garantizar el bien común, tornándose en refugio de pícaros y truhanes de diverso pelaje dispuestos, sin demasiados escrúpulos, a garantizar su propia mejor vida a costa del patrimonio común de la polis, dejando a un funcionariado desanimado y cada vez más precario (en recursos y en condiciones laborales) como barrera ante la extensión del descontento ciudadano, capaz sin embargo de captar la necesidad de unos servicios públicos de calidad para el desarrollo de una convivencia en condiciones mínimas de igualdad y cohesión social. Y es que, en efecto, a cualquier lado que miremos, la oscura connivencia entre lo público y lo privado parece crecer cual mala hierba que impide todo atisbo de cosecha democráticaLo público se pone, sin gran rubor, al servicio de los intereses privados destrozando paisajes, mutando leyes cuando es menester según la conveniencia de los (verdaderos) poderes económicos, diezmando recursos físicos y humanos, empobreciendo pueblos e imposibilitando la vida en el medio natural… El discurso de los ajustes urgentes e imprescindibles deriva, así, prácticas, cuanto menos paradójicas: mientras los causantes y propagadores del crack financiero reciben cuantiosas subvenciones de dinero público para “salvar sus entidades” (que les permiten cobrar sueldos y primas astronómicos), la ciudadanía de a pie es vapuleada por el desempleo, las congelaciones y reducciones salariales, la precarización laboral, la desregulación de la jornada, los avisos de desahucio, el incremento de impuestos para la rentas del trabajo y la constante amenaza de ocaso del débil y menoscabado bienestar público... La “refundación del capitalismo” de la que todos los paladines del orden (bipartidista) establecido (de Sarkozy a Zapatero) hablaban al principio de la crisis, parece haber consistido simplemente en dejarlo campar a sus anchas, en la completa e incondicional rendición de lo político (los intereses  públicos, el cuidado del bien común) a lo económico (los intereses  privados, la multiplicación del beneficio particular a costa de lo que sea). Con ello va extendiéndose en el propio mundo rico (ese 20% de la población muncial que disfruta, disfrutamos, del 80% de los recursos) una inmensa bolsa de pobreza (eso que eufemísticamente llamamos “cuarto mundo”, que supera ya los cuarenta millones de personas en la vieja “Eurpa del bienestar”) que ya sólo puede sobrevivir de la limosna pública (esos 400 euros mensuales que reciben algunas personas paradas cuyas unidades familiares se han quedado ya sin ingreso alguno) o privada (comiendo en las Cocinas Económicas o recibiendo asistencia del Banco de Alimentos, vistiéndose en los roperos de Cáritas, durmiendo en los albergues para transeuntes,...); mientras, a su lado, el patrimonio de apenas una docena de las mayores fortunas de España bastaría para financiar todos los recortes que el gobierno ha hecho en los años más crudos de la crisis...
Resultado de imagen de Chistes sobre promesas electoralesAsí que algunas de estas sombras de la crisis de las democracias representativas en un mundo globalizado derivan necesariamente en un cuestionamiento de las propias bases modernas del Estado-nación (desde las teorías clásicas del contrato social ´Hobbes, Locke o Rousseau- hasta el neocontractualismo, el comunitarismo o el enfoque dialógico contemporáneos), las fuentes de legitimación del dominio al uso y el modelo elitista que las caracteriza (apuntando vislumbres de pasos posibles para una reconstrucción participativa radical de la democracia desde lo local hacia lo global)…  ¿Cómo encontrar, entonces, una “filosofía a pie de calle” (reclamada en un sentido originario, por ejemplo, por Marina Garcés desde su Filosofía inacabada, 2015, que va ya abriendo ya un camino -Fuera de clase: Textos de filosofía de guerrilla, 2016, o Nueva ilustración radical, 2017- en su intento de recuperar Un mundo común, 2013) capaz de alentar el debate público en ese combate redemocratizador?...  Porque esa es la gran cuestión a la hora de plantearse cómo pueda hoy, aquí y ahora, el pensamiento crítico enfrentarse a esas prácticas políticas corruptas legitimadas por el multiforme eco del discurso único de la democracia elitista: ¿cómo traducir la desafección política generalizada en impulso hacia otra concepción de la gestión pública, hacia una participación efectiva, constante y exigente de cada cual en lo que son asuntos de todos (siguiendo, de algún, modo la estela dejada por la indignación hesseliana en el ¡Comprometeos!, 2011, de la conversación de Gilles Vanderpooten con el propio Stéphane Hessel, o el Reacciona, 2011, que pergeñaron en España Sampedro, Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, Torres López, Angels Martínez i Castells, Rosa M. Artal, Ignacio Escolar, Carlos Martínez, López Facal, Pérez de Albéniz y Lourdes Lucía)?... ¿Cómo renovar, en suma, el anhelo que, en una situación similar (que culminó con la condena y muerte de Sócrates), llevó precisamente al mismísimo Platón (según confiesa en su Carta VII, 325d: «Al ver esto y al ver a los hombres que dirigían la política, cuanto más consideraba yo las leyes y las costumbres, y más iba avanzando en edad, tanto más difícil me fue pareciendo administrar bien los asuntos del Entado. (...) La legislación y la moralidad estaban corrompidas hasta tal punto que yo, lleno de ardor al principio para trabajar por el bien público, considerando esta situación y de qué manera iba todo a la deriva, acabé por quedar aturdido. (...) Finalmente llegué a comprender que todos los Estados actuales están mal gobernados, pues su legislación es prácticamente incurable sin unir unos preparativos enérgicos a unas circunstancias felices. Entonces me sentí  irresistiblemente movido a dedicarme a la verdadera filosofía, y a proclamar que sólo con su luz se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada. Así, pues, no acabarán los males para el ser humano hasta que llegue la raza de los auténticos y puros filósofos al poder, hasta que los jefes de las ciudades, por una especial gracia de la divinidad, no se pongan verdaderamente a filosofar.» ) a “fundar” la filosofía?.
Resultado de imagen de El Roto sobre las urnasTodo ello, en suma, habrá de situarnos ante un dilema central: ¿es posible aún la regeneración de las instituciones representativas de las democracias realmente existentes como garantes del ejercicio colectivo del bien común o, por el contrario, cualquier paso hacia una verdadera recuperación de la democracia exige el hallazgo, desarrollo y fomento de nuevos cauces de participación ciudadana adaptados al aquí y al ahora para un pacto social efectivo que determine la esencia y articulación de ese bien común en el presente?... Y ¿es aún posible, en tal contexto y contando con la indefensión aprendida por la ciudadanía del ahora, revitalizar una concepción y una práctica del servicio público que contribuya a la cohesión social?...
Resultado de imagen de El Roto sobre partidos genericosEste planteamiento será desarrollado, desde un enfoque participativo y problematizador, por el propio coordinador del Foro, José Ignacio Fernández del Castro, que, como siempre, facilitará a las personas participantes un dossier con documentación sobre el tema abordado (incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones bibliográficas y cinematográficas, e informaciones de interés). Tras su intervención (e, incluso, durante la misma) habrá un debate general entre todas las personas presentes. La sesión, que se celebra en relación con el Día Internacional de la Democracia (15 de Septiembre),  tendrá lugar en el Aula 3 (Segunda Planta), con asistencia libre.

martes, 18 de junio de 2019

EL CENTRO MUNICIPAL INTEGRADO DEL LLANO CONCLUYE, EL DÍA 25 DE JUNIO LA PROGRAMACIÓN DEL PRIMER SEMESTRE DE 2019 DE SU FORO DE FILOSOFÍA POPULAR CON UNA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE LA DESCONFIANZA CIUDADANA EN LAS INSTITUCIONES AQUÍ Y AHORA (SOBRE POLÍTICA, GESTIÓN PÚBLICA Y SERVICIO A LA CIUDADANÍA)


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El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón), en la sesión del mes de Junio-2019 (Martes, día 25, a las 19’30 horas), como cierre de la Programación del Primer Semestre de 2019 de su Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora”, abordará el tema «La filosofía ante la desconfianza ciudadana en las instituciones aquí y ahora: Sobre política, gestión pública y servicio a la ciudadanía». La sesión se plantea como reflexión general y concreta que ha de partir necesariamente de los fenómenos que hacen patente una pérdida de entusiasmo democrático con las instituciones públicas en conjunción con una creciente exigencia ciudadana hacia unos servicios públicos menguados en sus recursos: la abstención (con su amalgama de variopintas motivaciones) se ha consolidado por encima del 30% y es, casi siempre, el no-partido más votado; las encuestas (por ejemplo, las del Centro de Investigaciones Sociológicas) señalan, ya de forma estable, a los representantes políticos como uno de los mayores problemas de este país (por encima del terrorismo o las tensiones territoriales); la corrupción política crece sin parar, con más de mil políticos de diversas adscripciones condenados o imputados en diversas causas (en las últimas elecciones generales, por primera vez, alguno de los “partidos con aspiraciones de gobierno” ha tenido el dudoso honor de tener más políticos encarcelados que escaños en el parlamento) y todos los responsables locales de Urbanismo bajo sospecha; los políticos, por otra parte, cada vez se atrincheran más en una suerte (o desgracia) de casta, conformando élites que se van alternando, según sus propios rituales, en las instituciones del poder formal tras otra casta de burócratas independiente de todo control popular; el fenómeno de las llamadas “puertas giratorias”, paso de las responsabilidades públicas a otras en sectores de la economía privada más o menos directamente relacionados con las antiguas ocupaciones, sigue sin ningún freno real; los servicios públicos son interesadamente menoscabados desde las administraciones mediante una merma de recursos, que se transfieren directa o indirectamente a los negocios privados, aumentando la desmotivación de un funcionariado “abandonado a su suerte”; la ciudadanía responde, con frecuencia creciente, ante esta situación neurotizante con violencia, verbal o física, dirigida a la cara visible de los servicios, el funcionariado que los desempeña; etc. La política parece haber dejado de ser, así, el noble arte dedicado a la mejor organización de la vida en la polis para garantizar el bien común, tornándose en refugio de pícaros y truhanes de diverso pelaje dispuestos, sin demasiados escrúpulos, a garantizar su propia mejor vida a costa del patrimonio común de la polis, dejando a un funcionariado desanimado y cada vez más precario (en recursos y en condiciones laborales) como barrera ante la extensión del descontento ciudadano, capaz sin embargo de captar la necesidad de unos servicios públicos de calidad para el desarrollo de una convivencia en condiciones mínimas de igualdad y cohesión social. Y es que, en efecto, a cualquier lado que miremos, la corrupción política (en oscura connivencia entre lo público y lo privado llena de sobres sospechosos y puertas giratorias indecentes) parece crecer cual mala hierba que impide todo atisbo de cosecha democráticaLo público se pone, sin gran rubor, al servicio de los intereses privados destrozando paisajes, mutando leyes cuando es menester según la conveniencia de los (verdaderos) poderes económicos, diezmando recursos físicos y humanos, empobreciendo pueblos e imposibilitando la vida en el medio natural… El discurso de los ajustes urgentes e imprescindibles deriva, así, prácticas, cuanto menos paradójicas: mientras los causantes y propagadores del crack financiero reciben cuantiosas subvenciones de dinero público para “salvar sus entidades” (que les permiten cobrar sueldos y primas astronómicos), la ciudadanía de a pie es vapuleada por el desempleo, las congelaciones y reducciones salariales, la precarización laboral, la desregulación de la jornada, los avisos de desahucio, el incremento de impuestos para la rentas del trabajo y la constante amenaza de ocaso del débil y menoscabado bienestar público... La “refundación del capitalismo” de la que todos los paladines del orden (bipartidista) establecido (de Sarkozy a Zapatero) hablaban al principio de la crisis, parece haber consistido simplemente en dejarlo campar a sus anchas, en la completa e incondicional rendición de lo político (los intereses  públicos, el cuidado del bien común) a lo económico (los intereses  privados, la multiplicación del beneficio particular a costa de lo que sea). Porque va extendiéndose en el propio mundo rico una inmensa bolsa de pobreza (eso que eufemísticamente llamamos “cuarto mundo”) que ya sólo puede sobrevivir de la limosna pública (esos 400 euros mensuales que reciben algunas personas paradas cuyas unidades familiares se han quedado ya sin ingreso alguno) o privada (comiendo en las Cocinas Económicas o recibiendo asistencia del Banco de Alimentos, vistiéndose en los roperos de Cáritas, durmiendo en los albergues para transeuntes,...); mientras, a su lado, el patrimonio de apenas una docena de las mayores fortunas de España bastaría para financiar todos los recortes que el gobierno ha hecho en los años más crudos de la crisis...
Resultado de imagen de Chistes sobre servicios públicosEvidentemente el movimiento de los indignados (según el título que recibiera del librito-llamada, Indignez-vous! -¡Indignaos!-, de Stéphane Hessel de 2010) que, especialmente en los años 2011 y 2012, mostró el hartazgo popular extendiéndose por las calles y plazas de todo el mundo,  desde el 15M y la ocupación de la madrileña Plaza de Sol (junto a las más emblemáticas de cientos de ciudades españolas) hasta Occupy Wall Street, pasando por las cuarenta mil personas que el 29 de mayo de 2011 llenaron con sus quejas la Plaza Syntagma de Atenas, fue la sacudida que situó en primer plano la gran corrupción política, no la del dinero público malversado y robado (que ya estaba en los medios), sino la del robo de la propia democracia a través de sufragios ritualizados para alternar en el poder formal, en una representación de teatro de sombras, partidos políticos que actuarían (encubiertos por el patológico síntoma de la “exageración de las diferencias”) como solidarios testaferrros de los intereses del verdadero poder, el económico. Su grito “¡No nos representan!” situó en el debate público la crisis de las democracias representativas en un mundo globalizado que desplaza los centros de toma de decisión política desde las instituciones gubernamentales de los Estados hacia los Consejos de Administración de las grandes empresas transnacionales; y supuso una verdadera deslegitimación de unas instituciones pseudodemocráticas y, con ello, de sus instrumentos de dominio (de los medios de comunicación social comprados por el propio poder económico –para construir cosmovisiones e imaginarios colectivos que “naturalicen” el estado de cosas y criminalicen cualquier alternativa-, al uso de las porras y las togas que condenan y castigan toda disidencia y/o resistencia ante lo considerado “políticamente correcto”)... Ahora bien, ¿cómo pasar de ese grito sabiamente deslegitimador al combate directo del modelo elitista que caracteriza las democracias parlamentarias (y bipolares) existentes sin caer en sus vicios internos (burocratización de procesos selectivos ajenos al debate político como medio para la consagración de castas al servicio de lobbies) y externos (representación real de los intereses de esos grupos de presión con olvido de la ciudadanía de a pie)?... ¿Cómo encontrar una “filosofía a pie de calle” (reclamada en un sentido originario, por ejemplo, por Marina Garcés desde su Filosofía inacabada, 2015, que va ya abriendo ya un camino -Fuera de clase: Textos de filosofía de guerrilla, 2016, o Nueva ilustración radical, 2017- en su intento de recuperar Un mundo común, 2013) capaz de alentar el debate público en ese combate redemocratizador?... En esa apuesta aparentaban estar nuevos partidos que, con buenas –sorprendentes, a veces- expectativas electorales, se encuadraron, de algún modo, en este fenómeno crítico de la escena política (buscando algunos cauces para resetear el sistema, que dirían Joan Subirats y Fernando Vallespín –España/Reset: herramientas para un cambio de sistema, 2015-, aún cuando las posibilidades de que desde las instituciones se pueda articular cambio radical alguno sean mínimas, como argumenta lúcidamente Slavoj Žižek –Acontecimiento, 2014-), como SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical) en Grecia o Podemos en España... Pero la evolución de las cosas parece dar la razón al mediático Žižek: ¿quiénes querrán, podrán y sabrán siquiera contribuir a la necesaria y urgente reconstrucción participativa de la democracia para convertirla en una “revolución ciudadana” que devuelva las instituciones al eso que, tantas veces con descarada demagogia, se da en llamar “pueblo” para que pueda manifestar y ejercer su voluntad de bien común?.
Resultado de imagen de El Roto sobre servicios públicosPorque esa es la gran cuestión a la hora de plantearse cómo pueda hoy, aquí y ahora, el pensamiento crítico enfrentarse a esas prácticas políticas corruptas legitimadas por el multiforme eco del discurso único de la democracia elitista: ¿cómo traducir la desafección política generalizada en impulso hacia otra concepción de la gestión pública, hacia una participación efectiva, constante y exigente de cada cual en lo que son asuntos de todos?... ¿Cómo renovar, en suma, el anhelo que, en una situación similar (que culminó con la condena y muerte de Sócrates), llevó precisamente al mismísimo Platón (según confiesa en su Carta VII, 325d: «Al ver esto y al ver a los hombres que dirigían la política, cuanto más consideraba yo las leyes y las costumbres, y más iba avanzando en edad, tanto más difícil me fue pareciendo administrar bien los asuntos del Entado. (...) La legislación y la moralidad estaban corrompidas hasta tal punto que yo, lleno de ardor al principio para trabajar por el bien público, considerando esta situación y de qué manera iba todo a la deriva, acabé por quedar aturdido. (...) Finalmente llegué a comprender que todos los Estados actuales están mal gobernados, pues su legislación es prácticamente incurable sin unir unos preparativos enérgicos a unas circunstancias felices. Entonces me sentí  irresistiblemente movido a dedicarme a la verdadera filosofía, y a proclamar que sólo con su luz se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada. Así, pues, no acabarán los males para el ser humano hasta que llegue la raza de los auténticos y puros filósofos al poder, hasta que los jefes de las ciudades, por una especial gracia de la divinidad, no se pongan verdaderamente a filosofar.»  ) a “fundar” la filosofía?.
Resultado de imagen de Chistes sobre funcionariosPor supuesto, la ciudadanía, el demos, el pueblo cada vez se siente (se sabe) más alejado de cualquier participación efectiva en el poder (un poder que, en último extremo, oscila entre las grandes corporaciones transnacionales que sólo reconocen la democracia del dinero y las pequeñas instituciones locales, incluyendo los viejos y gastados Estados-nación, con una capacidad de gobierno cada día más residual, formal y corrupta) y más cuestionado en sus opciones reales de acceso a unos servicios públicos de calidad en condiciones de igualdad… Lo que, unido al proceso de subjetivización de la vida, deriva respuestas individualistas que oscilan entre el “¡sálvese quien pueda!” (o sea, “quien quiera sanidad, educación, pensiones, seguridad ciudadana, justicia, gestión administrativa o atención a la dependencia de calidad que se las pague”), la sumisión a “lo que hay” y los rebotes más o menos violentos. Porque, digámoslo ya, los recortes drásticos del sector público, en realidad, se transforman rápidamente en disolución de derechos básicos como el acceso a la salud, a la educación, a la protección de la dependencia, a la vivienda, al trabajo... Y, en definitiva, en una privatización de los derechos (el que quiera salud, educación, pensiones o atención a sus dependencias que se lo compre en los mercados correspondientes,... si es que puede) que supone un proceso planificado de precarización de la vida para la inmensa mayoría de la población (abocada a la caridad cuando no puede acceder a esos mercados)...
¿Cómo intentar rearmar una participación efectiva de la ciudadanía en la toma de decisiones que son relevantes para su vida?, ¿cómo recuperar, aquí y ahora, un demos que, más allá del maltrecho concepto (y las indignas prácticas) de la representación popular mediada por los partidos políticos, sea capaz de reconstruir su papel como agente activo en los asuntos públicos?, ¿cómo recuperar la efectividad de y la confianza en los servicios públicos de sanidad, educación, justicia, seguridad ciudadana, gestión administrativa o atención a la dependencia, como único garante de una convivencia igualitaria?...
Imagen relacionadaTodo ello, en suma, habrá de situarnos ante un dilema central: ¿es posible aún la regeneración de las instituciones representativas de las democracias realmente existentes como garantes del ejercicio colectivo del bien común o, por el contrario, cualquier paso hacia una verdadera recuperación de la democracia exige el hallazgo, desarrollo y fomento de nuevos cauces de participación ciudadana adaptados al aquí y al ahora para un pacto social efectivo que determine la esencia y articulación de ese bien común en el presente?... Y ¿es aún posible, en tal contexto y contando con la indefensión aprendida por la ciudadanía del ahora, revitalizar una concepción y una práctica del servicio público que contribuya a la cohesión social?...
Resultado de imagen de día de las naciones unidas para la administración públicaEste planteamiento será desarrollado, desde un enfoque participativo y problematizador, por el propio coordinador del Foro, José Ignacio Fernández del Castro, que, como siempre, facilitará a las personas participantes un dossier con documentación sobre el tema abordado (incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones bibliográficas y cinematográficas, e informaciones de interés). Tras su intervención (e, incluso, durante la misma) habrá un debate general entre todas las personas presentes. La sesión, que se celebra en relación con el Día de las Naciones Unidas para la Administración Pública (23 de Junio),  tendrá lugar en el Aula 3 (Segunda Planta), con asistencia libre.

domingo, 9 de junio de 2019

Presentación de "Amigos de Mieres: Cincuenta años de historia" en la Casa de Cultura de Mieres (12-6-2019, 20 horas)

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Todavía bajo los ecos (represivos sí, pero también fecundamente multiplicadores) de "la huelgona" de 1962, atenta a los ecos no tan lejanos del Mayo parisino, nacía a orillas del negro Caudal de 1968 la Asociación "Amigos de Mieres"... 

Y ahora, como broche de oro y secuela de los numerosos actos desarrollados a lo largo de 2018 para conmemorar su medio siglo de vida, edita un hermoso libro que recoge, por un lado, testimonios vívidos de escritores, políticos, historiadores, periodistas o sindicalistas sobre lo que fue y representó la labor de la asociación a lo largo de su historia y, por otro, diversas ponencias y artículos sobre temas de actualidad que se debatieron en las charlas, mesas redondas y proyecciones desarrolladas a lo largo del pasado año conmemorativo para resaltar la relevancia de ese legado en el aquí y el ahora (aquí se inserta mi modesta aportación: "De las viejas pantallas en tiempos deshonestos… Diálogos urgentes para un cinefórum al servicio del debate ciudadano").
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La presentación del libro,

Amigos de Mieres:
50 años de historia,
tendrá lugar el
miércoles, 12 de junio, a partir de las 20:00 horas
en el Salón de Actos de la Casa de la Cultura de Mieres.
En el acto intervendrán Paco Faraldo, Ana Esther, Chus Pedro, Miguel Muñoz, Marcelino Estrada y Aníbal Vázquez.

viernes, 24 de mayo de 2019

EL CENTRO MUNICIPAL INTEGRADO DEL LLANO CONTINÚA LA PROGRAMACIÓN DEL PRIMER SEMESTRE DE 2019 DEL FORO DE FILOSOFÍA POPULAR (28 DE MAYO) CON UNA REFLEXIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA ANTE EL ETERNO APLAZAMIENTO DEL DESARROLLO AFRICANO AQUÍ Y AHORA (¿HASTA CUÁNDO LA [HIPÓCRITA] CONDENA DE ÁFRICA?)


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El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón) desarrollará el Martes, 28 de Mayo del 2019, a las 19’30 horas,  la sesión mensual del Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora” para continuar su programación del Primer Semestre de 2019 abordando el tema «La Filosofía ante el eterno aplazamiento del desarrollo de África aquí y ahora: ¿Hasta cuando la (hipócrita) condena de África?»... La sesión se plantea como reflexión general y concreta que  parte de tantos hechos que ponen de manifiesto que África es, aquí y ahora, la manifestación más clara de la insoportablemente injusta distribución de la riqueza en el planeta basada en actos históricos de salvaje dominio colonial sobre recursos naturales y humanos que se prolongan hoy, tras los procesos de descolonización formal, en un neocolonialismo económico desnudo y áspero, que, ejercido desde los fríos consejos de administración de grandes empresas transnacionales, se ahorra incluso el viejo paternalismo político de las metrópolis… ¿Cuáles son los reflejos de esta situación?: la inmensa mayoría de la población africana (habitante de esos países “económicamente subdesarrollados y desarrollantes” del viejo colonialismo, el Sur del Sur) sufre la amenaza de enfermedades infecciosas (que frecuentemente adquieren proporciones de epidemia, o “aterran al mundo bien pensante” como ocurre con las recurrentes crisis del Ébola) sin la posibilidad de paliarlas  con medicamentos fácilmente accesibles para la minoría privilegiada del mundo rico (el llamado Norte o, más propiamente, los países “económicamente desarrollados y subdesarrollantes”); la inmensa mayoría de la población africana se ve envuelta en guerras y revueltas postcoloniales que, desde las ufanas y viejas metrópolis colonizadoras europeas, se califican, eludiendo toda responsabilidad en el asunto (y extendiendo un manto de silencio mediático en cuanto los conflictos se equistan), de “tribales”; la inmensa mayoría de la población africana ve los recursos naturales que siempre han posibilitado su supervivencia (mediante la agricultura, la pesca, la caza, o la minería,...) diezmados por la explotación del neocolonialismo económico (hasta el punto, por ejemplo, de situar la extracción del coltán, indispensable para todos nuestros soportes tecnológicos de comunicación, en un territorio sumido en un conflicto de guerrillas diversas al servicio de las multinacionales tecnológicas y fuera del control del gobierno de la República Democrática del Congo, a la que pertenece) o inmovilizados por las políticas proteccionistas del Norte; la inmensa mayoría de la población africana sufre la opresión y la represión de gobiernos corruptos que actúan como más o menos dóciles testaferros de las viejas (o nuevas, como China) potencias coloniales, creando el caldo de cultivo de frustraciones personales y colectivas capaces de derivar (sobre todo cuando son manipuladas por concretos intereses de dominio) repliegues identitarios con frecuencia atávicos (con prácticas más o menos fundamentalistas que pueden llevar a la violencia terrorista); la inmensa mayoría de la población africana malvive (y malmuere prematuramente) en Estados malogrados, fruto del abandono vergonzante y vergonzoso de los viejos colonizadores… Todo ello nos obliga a plantearnos una cuestión clave: ¿puede una Humanidad que quiera ser digna de tal nombre convivir con una situación en la que cualquier ser humano, si tiene la dudosa fortuna de nacer en África (un paraíso natural en tantos sentidos), ve sus expectativas de vida vinculadas al sufrimiento y la muerte temprana, víctima del paludismo, la tuberculosis o el SIDA, de una “guerra salvaje”, de corruptelas y arbitrariedades institucionales, o de la carencia de estructuras básicas de salud pública (desde el agua potable y el saneamiento a los medicamentos más elementales)?...
Resultado de imagen de Chistes sobre África  Esa condena a una vida breve y pródiga en penurias se ve acrecentada por la codicia de los grandes poderes económicos transnacionales prestos al expolio de recursos naturales (desde el oro y los diamantes al moderno coltán, pasando por el petróleo, el gas, los fosfatos o las patentes sobre el patrimonio genético vegetal y animal o cualquier otro producto mercantilizable), y por las necesidades demográficas de mano de obra joven fuerte y barata de las sociedades económicamente desarrolladas (incluyendo también especialistas –médicos, por ejemplo- formados a costa de los propios Estados africanos)... África, en fin, la gran reserva natural y humana del planeta, origen de la propia especie, se ve así doblemente miserabilizada en el postcolonialismo, al sumar a los siglos de sometimiento colonial la privación ominosa de sus riquezas naturales y de sus mejores manos y cerebros (que ya ni siquiera se tienen que someter a la prueba del mercado de esclavos, pues su propio logro de la supervivencia hasta poder llegar al “mundo rico” y asentarse en él es la mejor garantía de sus capacidades).
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¿Cómo podemos (como pueden las instituciones internacionales, los países poderosos, nosotros mismos, etc.) aceptar la inercia de esta “condena sin causa”  que pesa sobre los más (pues incluye también a pueblos y países latinoamericanos o asiáticos, y a nuevos colectivos miserabilizados, el cuarto mundo, en el propio Norte) a costa de la ufana opulencia de los menos?... ¿Cómo puede tolerarse, por ejemplo, que los intereses económicos de las multinacionales farmacéuticas apuesten en serio por la investigación sólo con respecto a aquellas enfermedades que se extienden al “mundo rico” (incluyendo, sobre todo, las que se derivan, como proyección psicosomática, de la propia “violencia estructural del sistema capitalista de explotación y consumo”), preteriendo cualquier esfuerzo en la lucha contra las enfermedades erradicadas de los contextos socioeconómicos desarrollados (como la tuberculosis o la malaria)?... ¿Cómo pueden supuestos “líderes espirituales” invocar principios supramundanos para sostener la negativa a medidas profilácticas elementales en la lucha contra alguna de esas enfermedades?...  ¿Cómo, en suma, seguir impasibles ante el sacrificio de un continente en una continua y violenta explotación de recursos que acabamos por disfrutar nosotros (como el coltán de nuestros móviles o nuestros ordenadores) a un precio tan bajo en lo económico como alto en sangre, en lo político, en lo moral...?. ¿Cómo puede aceptarse la configuración de África, en definitiva, como un continente en eterna cuarentena ante los muros, cada vez más altos y más hirientes con sus cortantes concertinas, del Norte (en Mayo de 2014 el ultraderechista Jean-Marie Le Pen, poniendo voz a muchos pensamientos “proteccionistas”, decía en un mitin del Frente Nacional en Marsella que “el Señor Ébola podía solucionar el problema de la inmigración en tres meses”)?.
Resultado de imagen de Chistes sobre ÁfricaPorque, pese a todo y digámoslo ya alto y claro, esa condición de continente en eterna cuarentena se ve acrecentada por la codicia de los grandes poderes económicos transnacionales prestos al expolio de recursos naturales (desde el oro y los diamantes al moderno coltán de nuestros “aparatos inteligentes”, pasando por el petróleo, el gas, los fosfatos o las patentes sobre el patrimonio genético vegetal y animal o cualquier otro recurso mercantilizable), y por las necesidades demográficas de mano de obra joven fuerte y barata de las sociedades económicamente desarrolladas (incluyendo también especialistas –médicos, por ejemplo- formados a costa de los propios Estados africanos)... África es, en realidad, la gran reserva natural y humana del planeta y, origen de la propia especie, que se ve así doblemente miserabilizada en el postcolonialismo, al sumar a los siglos de sometimiento colonial la privación ominosa de sus riquezas naturales y de sus mejores manos y cerebros… Así que la convierten en una especie de “continente suburbial” (una suerte –léase “desgracia”- de Soweto dejado de la mano de las instituciones públicas sudafricanas, como muestra Tsotsi –Gavin Hood, 2005-) situado ante el imaginario del sueño europeo (como los jóvenes breakdancers tunecinos de la película Making of, le dernier film –Nouri Bouzid, 2006-) en un experimento de aculturación masiva del que los países (viejos y nuevos) ricos y las grandes corporaciones transnacionales extraen esos recursos con el menor coste posible, aplicando ante los conflictivos hechos apuntados la simple política de garantizar como sea los suministros y “mirar para otro lado”... Aunque las frustraciones, personales y colectivas, que provocan fenómenos más o menos violentos.
Resultado de imagen de Forges sobre ÁfricaPero todo este cuestionamiento, evidentemente, no puede conformarse con su forma de lánguida queja; debe proyectarse en el análisis crítico de los grandes discursos del “pragmatismo bienintencionado”, como los ocho Objetivos del Milenio auspiciados por Naciones Unidas (y fracasados en su horizonte 2015, relegados por la dichosa crisis , reconvertidos ahora en los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible, dentro de la Agenda 2030), y la evolución de las políticas y prácticas derivadas, para tratar de pergeñar las líneas de fuerza (ideas, políticas, acciones colectivas y comportamientos individuales) más coherentes con la integración de África en una verdadera ciudadanía planetaria. Porque no podemos aceptar, como parte de la Humanidad, que, mediante tanto expolio, se aísle y niegue el futuro a todo un continente.
Resultado de imagen de Forges sobre ÁfricaEstas reflexiones, que serán introducidas problemáticamente y desarrolladas en sus aspectos básicos por el Coordinador del Foro, José Ignacio Fernández del Castro... Tras su intervención (e, incluso, durante las misma) se establecerá un debate general entre todas las personas asistentes. 
Resultado de imagen de Día África: Aminata TraoréComo siempre, se facilitará a dichas personas documentación sobre el tema abordado (incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones bibliográficas y cinematográficas, e informaciones de interés), en un dossier elaborado por el coordinador del Foro. La sesión se celebra en relación con el Día de África (25 de Mayo), y tendrá lugar en el Aula 3 de la Segunda Planta, con asistencia libre.