
El Centro
Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón), inicia ela
Programación del Tercer Cuatrimerstre 2017,
en su sesión del mes de
Septiembre
(Martes, día 26, a las 19’30 horas) del Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora”, abordará el tema «La filosofía y el placer de conocer mundo aquí y ahora: Rompiendo
la dicotomía entre turistas
y viajeros»
.
La sesión se plantea como reflexión general y concreta, partiendo del hecho
histórico de que la propia filosofía
tiene un origen inequívocamente viajero,
preparado, entre el siglo VI y el IV a.N.E.,
en las colonias griegas de la
Jonia y de la Magna Grecia, que seguían el modelo organizativo de la polis helénica, y “oficializado” en la
Atenas del siglo IV a.N.E., instante a partir del cual su momento teórico (totalizador) exige la derivación de un momento práctico (particularizador) que
incluirá una reflexión sobre la alteridad,
sobre la “realidad otra” tanto en sus aspectos más ligados a las relaciones
humanos de convivencia (civitas o la ciudad como unidad administrativa de la
ciudadanía y el paisanaje) como a los físicos y arquitectónicos (urbs o la ciudad como espacio construido frente a la naturaleza no alterada en
diversidad de paisajes). Es decir, el
propio momento fundacional de la Filosofía (y su preparación en los siglos
anteriores) es inseparable de la curiosidad
(del asombro del que nos hablaba
Platón), del afán por “conocer mundo”, en sus paisajes y sus paidanajes, en lo
cercano (nomos) y lo lejano (cosmos)… Sin la fusión de las culturas
doria y aquea, sin el proceso de colonización de la Jonia y de la Magna Grecia,
sin los viajes de Tales a Egipto o los conflictivos contactos con Persia, la
tarea filosófica habría sido imposible por innedesaria. La alteridad es pues, probablemente, el
reto filosófico esencial (véase, por ejemplo, Soi-mëme comme un autre –Sí mismo
como otro-, 1990, de Paul ricoeur) y la condición misma de la
filosofía, que sólo pudo nacer ante ella y en los interrogantes sobre ella
(que, entre otras cosas, exigen el cuestionamiento de uno mismo).
En
cualquier caso, más allá de la mera curiosidad por el mundo, los interrogantes
ante la alteridad y el afán de conocer sus peculiaridades, el vórtice permanente que,
mezclando/separando seres humanos en tránsito constante, configura históricamente
urbes y transforma paisajes y paisanajes, nos lleva a un presente cuajado en
los flujos multiculturales migratorios crecientes, económica o bélicamente
forzados, tanto en procesos
intraestatales de abandono masivo del medio rural (la no ciudad) para asentar precariamente esas poblaciones en las
grandes urbes (también en el Sur),
como interestatales de abandono
masivo de los países económicamente más
subdesarrollados y desarrollantes (el llamado Sur) para acceder en condiciones de gran vulnerabilidad a los
centros urbanos de los países
económicamente desarrollados y subdesarrollantes (el llamado Norte)… En efecto, ese Norte, se convierte en un foco de
atracción irresistible (fuertemente mediado por por el “espejismo” que pergeñan los nuevos mass media globalizados) para millones de seres humanos que apenas
pueden sobrevivir precariamente en su Sur
de origen… Esta migración económica,
unida al propio carácter plurinacional y
poliétnico de la constitución de los Estados-nación contemporáneos, convierte
las ciudades del presente en un abigarrado muestrario de diversidad humana, en un ámbito radicalmente multicultural, en un inevitable encuentro
de alteridades… Pero esa diversidad
humana está forzada a asumir unas condiciones de desigualdad (económica, de aceso al bienestar y también a los
espacios y paisajes más privilegiados) insoportables que la dichosa crisis económica, lejos de los alientos
iniciales de cambios en un sistema
(el capitalismo globalizador) con
inevitables tendencias especulativas
(catapultadas por la llamada revolución
de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación hacia una
perversa financiarización de la economía mundial),
parece claro que será pagada, una vez más y de forma más escandalosa que nunca,
por quienes nada han tenido que ver en su generación (como señala El Roto en
alguno de sus chistes, a las poblaciones menos favorecidas, del medio rural o del mundo económicamente subdesarrollado y desarrollante, las víctimas eternas
de todas las crisis y las excluidas de todas las bonanzas, sólo les queda
permanecer en sus modos de vida miserables para mantener el atractivo turístico
que facilite la llegada de viajeros más o menos ocasionales del medio urbano o del mundo económicamente desarrollado y subdesarrollante con sus
migajas, porque, si sus formas de vida se hacen menos precarias, perderán todo
encanto ante los turistas potencialmente dadivosos)...
Evidentemente,
es este un triste espectáculo más del mundo
postmoderno y su “¡sálvese quien
pueda!”, pero nos plantea algunas cuestiones radicales de gran interés
filosófico: ¿cómo garantizar entonces, hoy, aquí y ahora, el sostenimiento de
la cohesión social indispensable para
una buena y próspera convivencia en medio
de una alteridad tan problemática e
injustamente escindida (incluso en sus afanes, urgencias y expectativas de
tránsito)?, ¿cómo asumir, desde los distintos focos de emisión y recepción de los flujos viajeros, la diferencia
normativa, radical en tantas ocasiones, sin renunciar a la esencia misma de
su pluralismo constitutivo?... ¿Cómo
asumir, por los “territorios
desfavorecidos (pero peculiares)”, la frustración de sus aspiraciones y
esperanzas en una perpetuación de la
misera relativa (y hasta absoluta)?...
Y, sin embargo, entre las poblaciones más bien pensantes de quienes gozan de todos los derechos florecen los discursos mediáticos que fundan, consolidan y extienden un “imaginario de los territorios pobres (pero peculiares)” ligado a una poética de la vida buena: llena de libertad, disposición absoluta del propio tiempo, relación respetuosa y enriquecedora con la naturaleza y los iguales (imaginario que aparece, por ejemplo, de manera nítida en el mensaje de la película Bestias del sur salvaje, 2012, de Ben Zeitlin)... Pero, claro, raros son los paladines de esos imaginarios poéticos dispuestos, salvo por imperiosa necesidad (económica) personal o colectiva, a trasladarse a los lugares donde el “disfrute de tantas ventajas” es forzoso… Acaso, entre otras razones, porque es estadísticamente forzoso también hacerlo durante una vida breve y pródiga en penurias. Y, así, la vivencia de esos tránsitos territoriales y geográficos entre mundos cada vez más antagónicos (rural/urbano, secano/humedales, aislamiento/hipercomunicación, periferia/centro,...) se torna en verdadera desigualdad y segregación espacial ante las presiones homogeneizadoras de nuestras ciudades (¿para qué hacer turismo si todo se parece más cada día?, El Roto dixit), incapaces aquí y ahora de someter a crítica los diversos tratamientos y propuestas políticas de transformación del territorio que suponen, de hecho, procesos personales y colectivos de pérdida de identidad, extrañamiento y, en general, exclusión…

Porque, ¿quiénes se preocupan hoy, aquí y ahora, en el tiempo de la globalización, por escuchar, extender, actualizar y dar sentido crítico a las viejas prácticas ligadas a la cohesión social en la diversidad?, ¿quiénes muestran su disposición a exigir que las actividades humanas favorezcan la etonodiversidad en lugar de destruirla?. ¿Quiénes, en suma, pueden y quieren dar el paso hacia una neva ciudadanía global y responsable que anteponga la razón humana (universal y diacrónica, pero local y concreta, siempre nómada –como diría Rafael Argullol: Aventura, una filosofía nómada, 2000-) a los intereses coyunturales de la desigual gestión de los flujos y los tránsitos humanos?, ¿quiénes se muestran realmente en disposición de contribuir, desde el afán de (re)conocer la alteridad, al equilibrio territorial en un mundo más amable y habitable, menos inhóspito?... Y, ¿cómo hacerlo desde la práctica del viaje como instrumento para satisfacer ese afán?.

Y
es que, ¿cómo avanzar hacia las verdaderas condiciones
de posibilidad de una erradicación
universal de la desigualdad injusta (también en nuestros tránsitos por el
mundo y por la vida, también en nuestras concepciones del viaje) como base de
un ejercicio generalizado de la filosofía
mundana, en su constante nomadismo
crítico?.

