
El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón) desarrollará el Martes,
31 de Enero del 2017, a las 19’30 horas, la sesión mensual del Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y
ahora” para abrir su programación del Primer Semestre de 2017 abordando el tema «La Filosofía ante
los absurdos del mundo aquí y ahora: ¿Todo por la Macroeconomía?»... La sesión se plantea como reflexión
general y concreta que, partiendo de la vivencia inequívoca de un tiempo
mediático y simbólico donde lo aparente
oculta y silencia lo esencial, que
elabora paradójicos eufemismos (guerra
humanitaria, armamento para la paz,
justicia infinita, etc.) que sólo nos
hablan de la “naturalización” del estado
de cosas (el caos de este mundo) que más beneficia a los (económicamente) poderosos
siempre dispuestos a utilizar su “brazo amable” en una ayuda humanitaria que
coloque los excedentes (productivos y humanos) del mundo rico en las zonas más devastadas del mundo pobre (apostando, de paso, por la posible generación de
pequeñas, pero nuevas, bolsas de consumo
marginal)…
En este contexto y
mediante el control de todos los poderes de los Estados por el “poder económico
independiente” (visualizado en eso que llamamos mercados o, para ser más precisos, en los consejos de
administración de las grandes transnacionales) y la extensión de un “imaginario social conveniente” a través del control de las grandes industrias
de comunicación y producción cultural, se prouce un hurto de cualquier
manifestación de la “voluntad popular” en términos políticos, mediante la
reducción de éstos a la interpretación
neolibreal de la Macroeconomía, esa que funciona bajo principios como el de
“privatización de las ganancias,
socialización de las pérdidas” (siempre hablando en términos monetarios,
porque a la garantía, por ejemplo, de las condiciones de igualdad en el acceso
a la salud o a la educación no se le atribuye valor económico alguno) que
convierten el tópico de que “la gestión
privada siempre es más eficiente que la pública” en una falaz petición de principio… Por otra parte,
ese imaginario social impuesto desde
las industrias culturales, con su presión constante hacia un individualismo insolidario, aleja casi
toda voluntad de autonomía crítica a
favor de un “saber a qué atenerse”
vinculado a lo políticamente correcto.
Y así florecen nuevos mantras como la
promoción de lo que se ha dado en llamar cultura
del emprendimiento; no en vano el término “pirata” nos llega, a través del
latín, del término griego πειρατης (peirates), formado a partir del verbo πειραω
(peiraoo), que significa «esforzarse», «tratar de», «intentar la fortuna en
las aventuras», y el sufijo -της (-tes),
que significa «agente»; o sea, en su origen el “pirata” es un «agente que
intenta la fortuna en las venturas», un verdadero y auténtico «emprendedor»...
Por eso, más allá de sus
incoherencias y debilidades, el movimiento de los indignados (según el título que recibiera del librito-llamada, Indignez-vous! -¡Indignaos!-, de Stéphane Hessel de
2010) que, especialmente en los años 2011 y 2012, mostró el hartazgo popular extendiéndose por las
calles y plazas de todo el mundo, desde
el 15M y la ocupación de la madrileña
Plaza de Sol (junto a las más
emblemáticas de cientos de ciudades españolas) hasta Occupy Wall Street, , pasando por las cuarenta mil personas que el
29 de mayo de 2011 llenaron con sus quejas
la Plaza Syntagma de
Atenas, debe ser valorado como la sacudida que situó en primer plano la gran corrupción política, no la del
dinero público malversado y robado que estaba en los medios, sino la del robo de la propia democracia a través de
sufragios ritualizados para alternar
en el poder formal, en una representación de teatro de sombras,
partidos políticos que actuarían (encubiertos por el patológico síntoma de la
“exageración de las diferencias”) como solidarios
testaferrros de los intereses del
verdadero poder, el económico,
imponiendo su pensamiento único (mediante
sus industrias de control simbólico
ligadas a la “cultura oficial”, pero también de las porras y las togas cuando fuere necesario) frente a cualquier
tentación de pensamiento crítico
divergente, frente a cualquier tentación
filosófica y política, en definitiva, que pretenda recobrar el poder de
decisión sobre si nuestra forma de
convivir debe estar presidida por el estímulo del emprendimiento o por el impulso de la solidaridad, si podemos tolerar miles de desahucios y generar
continuas bolsas de pobreza mientras crece el número de viviendas vacías y los
potentados económicos se hacen cada vez más ricos (mientras más porcentaje de
la riqueza nacional y mundial está cada vez en menos manos, mientras los más
pobres tienen cada vez menos participación en esa riqueza)… Porque aquel grito de
“¡No nos representan!” situó en el
debate público la crisis de las
democracias representativas en un mundo
globalizado que desplaza los centros de toma de decisión política
desde las instituciones gubernamentales de los Estados hacia los Consejos
de Administración de las grandes empresas transnacionales y
supuso, sobre todo, una verdadera deslegitimación filosófica (mundana) de
unas instituciones pseudodemocráticas y, con ello, de sus instrumentos de dominio (desde los medios de comunicación social comprados
por el propio poder económico –para construir esas cosmovisiones que criminalicen cualquier alternativa,
ética o política- hasta el uso de las
porras y las togas al servicio de normas
sacralizadas por un pseudoconsenso que condena y castiga toda disidencia
y/o resistencia ante lo considerado “políticamente correcto”, o sea el mantenimiento de los parámetros
macroeconómicos que garantizan el engrase del sistema de explotación y consumo para el fomento de
espejismos, mitos falacias como las manifestaciones de ideas como progreso o crecimiento en las sociedades
complejas del presente)...
Así
que, ¿cómo tornar, en suma, en este contexto (y frente a tantos que desde
tertulias o cátedras pervierten y prostituyen el discurso político al servicio de los imaginarios hegemónicos de lo
establecido), “la funesta manía de
pensar (críticamente)” en “un arma
cargada de futuro” (que diría Pablo Milanés)?, ¿cómo denunciar las prácticas
torticeras que, bajo el manto protector de esos usos de las ideas de progreso o crecimiento, derivan constantemente nuevas y más lacerantes bolsas
de pobreza, excedentes humanos o deterioros medioambientales irreversibles?...
¿Cómo, en suma construir un nuevo marco
político con verdadera capacidad
colectiva de decisión para que nunca el crecimiento de una prima de riesgo sirva de justificación para
ejecutar desahucios o el control de
déficit público pueda legitimar el aumento de la desigualdad en el acceso a
servicios de educación o salud?.
Todo ello será
desarrollado por el propio coordinador del Foro, José Ignacio Fernández del Castro, que, como siempre,
facilitará a las personas participantes un dossier con documentación
sobre el tema abordado (incluyendo el guión de la sesión, recomendaciones
bibliográficas y cinematográficas, e informaciones de interés). Tras su
intervención (e, incluso, durante la misma) habrá un debate general entre todas
las personas presentes. La sesión tendrá
lugar en el Aula 3 de la Segunda Planta,
con asistencia libre.