
El Martes, 28 de Octubre de 2014, a las 19’30 horas, en
el Centro
Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37- Gijón), se desarrollará la sesión mensual del
Foro Filosófico Popular “Pensando aquí y ahora” en la que se abordará el tema«La filosofía ante el terror
y sus imágenes aquí y ahora: Recordando el horror y sus usos para hacer posible
el mañana». La sesión se
plantea como reflexión general y concreta sobre las convulsiones que agitaron el mundo en el siglo XX y que, más o
menos larvadas, más o menos silenciadas o desfiguradas por unos medios de comunicación de masas cada vez
más al servicio del poder
político-económico, siguen
presentes (y hasta son más tenebrosas y
profundas)... Unas convulsiones (del fiero colonialismo
al terrorismo sin horizonte; del orden fundado en el control de vidas y haciendas al fomento
del caos para un “¡sálvese quien
pueda!” que garantice el imperio del
más fuerte; de la vieja modernidad
de la alienación industrial y
postindustrial al neocolonialismo
económico enmascarado por “guerras
humanitarias”, “paces infinitas” y
“seguridades simbólicas a cambio de
libertades concretas”; del liberalismo
del fisiócrata “laissez faire, laissez passer” a
la corrupta desvergüenza de la “privatización de los beneficios y
socialización de las pérdidas”; del conflicto
(pseudo)ideológico al conflicto por
la injusta distribución mundial de la riqueza,...) que, por
ejemplo, el
controvertido abogado Jacques Vergès se encargaba de hacer bien presentes y poner
encima de las mesas de todos los tribunales de los procesos políticos en los
que “representó” la defensa de terroristas, genocidas y sátrapas de todo tipo a
través de su estrategia de ruptura
(frente a la estrategia de connivencia)...
¿Y hoy, aquí y ahora?: evidentemente,
proliferan los fenómenos que condenan y castigan toda disidencia y/o
resistencia ante lo considerado “políticamente correcto”, así como sobre el modo como, desde ese pensamiento
único oficial, se manipulan cosmovisiones para deslegitimar
cualquier alternativa a los intereses de los poderes reales
(transnacionales) y dar carta de naturaleza a más refinados mecanismos
de control y represión simbólica hasta diluir por completo el viejo sentido
de la libertad de opinión conformando un imaginario de la disidencia como
terrorismo intelectual (o locura) y de la resistencia como
terrorismo fáctico (y delito). La cuestión acabará
suscitando, inevitablemente, interrogantes ante los elementos comunes de lo que
“se construye” como ejercicio de violencia con o sin testigos, simbólica o real;
en definitiva, sobre el mal inducido por
la voluntad humana. Y de ahí, seguramente, podrán atisbase relaciones con
el permanente uso del miedo como
instrumento más eficiente de control social en los tiempos de la sociedad simbólica… Especialmente,
cuando ese miedo puede convertirse mediáticamente en horror paralizante, la mejor fuente de sumisión. Porque, a fin de cuentas y aún tras los interesados velos
que nos rodean, ¿no se está convirtiendo la vida, para la inmensa mayoría de la
humanidad, en un verdadero ejercicio de terror
cotidiano y organizado frente al que ya sólo cabe la autodefensa basada en el (decreciente e institucionalmente
denostado) apoyo entre iguales?.



