«Lo
primero, no saber leer, sería un problema subsanable; lo segundo, que lean y no
entiendan lo que leen, es un problema impensable hasta ahora para una mente
lógica y para el que, por el momento, nadie tiene solución. Se trata de un
sector de la población para cuyos integrantes los franceses acuñaron hace ya
años, en cuanto detectaron el problema -no es un problema sólo español-, la
calificación de iletrados, distinguiéndola de los analfabetos. Es
decir, no estamos hablando de analfabetos, sino de iletrados, de individuos que
saben leer pero que no comprenden lo que leen. Si a una persona analfabeta se
le enseña a leer, a lo mejor, cuando esté en disposición de hacerlo, llega a
comprender el sentido de las palabras y de las frases que lee. Con una persona iletrada,
en el sentido que los franceses han dado al término, ya no hay remedio: al cabo
de unos minutos de leer, de intentar infructuosamente descifrar signos
impresos, se ha perdido en el vacío mental. Eso sí, puede utilizar
correctamente un ordenador, incluso ser un buen informático; puede aprender a
hablar en inglés, en francés, en alemán y en cuantos idiomas se imponga dominar
oralmente; pero no podrá comprender un texto largo en la pantalla del ordenador
ni en un libro escrito en francés ni en italiano ni en alemán ni en el suyo
propio. Estamos, pues, frente a iletrados en varias lenguas, frente a
ciberiletrados multilingües y analfabetos en varios idiomas. Estamos frente a
iletrados políglotas.»
(Ana María MOIX I MESSEGUER; Barcelona, 1947 - 28 de febrero de 2014. Manifiesto personal, 2011.)

Por eso, antes de dejarnos un poco huérfanos
a cuantos admiramos su palabra sin edad ni petulancia bastante para llamarla Nena, describió con precisa lucidez el modelo de ciudadano (a sus textos les
sobra la presencia explícita de los dos géneros) que busca la
Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa:
gentes con habilidades instrumentales
ajenas a cualquier afán y práctica
comprensiva del mundo en el que viven y competencias
muy específicas ligadas a desempeños
laborales concretos en cualquier lugar del mundo. O sea, una fuerza de trabajo dócil y flexible de ciberiletrados políglotas.
Nacho Fernández del Castro, 3 de Marzo de 2014
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