«—¿La
civilización occidental actual está basada sobre la mentira?
—Sí. Se proclaman los ideales de la Ilustración: la
democracia, el progreso, la igualdad, la libertad... y, sin embargo, se están
traicionando y aplastando estos ideales. Los indignados dicen: "Lo llaman
democracia y no lo es". Tienen razón. Entre las declaraciones teóricas y
la realidad hay un abismo de diferencia. La OTAN no es órgano que sirva a los intereses de la
justicia sino a los intereses de las clases dominantes. La ONU hace aguas por muchas
partes. Tienen un Consejo de Seguridad no democrático constituido por los
grandes países que ostentan las armas de destrucción masiva y las decisiones de
la Asamblea General
no son atendidas como se ve en el caso de Israel y EEUU.
—Cuando
ha enumerado esta serie de instituciones asentadas en la mentira durante su
conferencia también ha hecho referencia a la economía. ¿Es la economía la mayor
mentira de todas?
—Sí, ciertamente. Esta economía está
ligada a la evolución del capitalismo, que se ha convertido de un capitalismo
productivo a un capitalismo especulativo, de casino, financiero. La política
que está siguiendo favorece a las clases dominantes y los grandes países frente
a las clases populares y los trabajadores. Además, la aplicación de estas
políticas está produciendo hambre, miseria y está aumentando la mortalidad allá
donde se aplican. De hecho, hay toda una corriente crítica de economistas que
denuncian que estas políticas oficiales sólo benefician a las minorías.»
(Carlos PARÍS AMADOR; Bilbao, Vizcaya,
17 de julio de 1925 - Madrid, 31 de enero de 2014.
“Carlos París: Vivimos
en la época de la mentira”, entrevista realizada
por Alejandro Torrús para Público.es, 18-10-2013.)
Y
lo estuvo hasta el final de sus días, desde su temprana Filosofía, ciencia y sociedad
(1972), pasando por el grito memorable de su Crítica de la civilización
nuclear (1984), hasta llegar a su Ética radical (2012) o esa
recopilación de sus últimas conferencias en el Ateneo de Madrid que aparecerá
este mismo año 2014, permitiéndonos prolongar su voz más viva por unos meses en
La
Época de la Mentira.
Y
es que su voz, fiel al auténtico impulso
filosófico, siempre estuvo al servicio de la verdad y, por ello,
radicalmente enfrentada al postmoderno
espíritu del “todo vale”. Nos deja un día antes que Luís Aragonés, ese
entrañable gruñón que, en otro ámbito, el futbolístico, también supo apostar
contra la historia y sus propios inicios como entrenador (perfeccionando la
estrategia del contraataque), para convertirse en el verdadero mentor del
famoso “tiqui-taca”, del fútbol de “jugones”, de una manera de entender el
juego desde un entramado (una clásica symploké)
solidario donde defensa y ataque consisten en poseer y hacer circular el balón
con fluidez y soltura... Un estilo que marcó el juego de “la Roja” (nombre que también
daría él a la selección española) por encima de fracasos iniciales (en el Mundial
de Alemania 2006 España fue eliminada en octavos de final por Francia),
alcanzaron la expresión más sublime de ese estilo (u el campeonato) en la
segunda parte de una semifinal en la que Rusia fue incapaz de atisbar siquiera
por dónde circulaba el balón... Una impronta de la que se sigue viviendo.
Así
que, curiosamente, París y Aragonés tienen más cosas de las que parece: esa
campechana forma de sabiduría capaz de transformar su propia visión de “lo que
hay” en búsqueda de la verdad, esa voluntad y capacidad para buscar la alegría
del pueblo, esa decisión a la hora de apostar contra la propia historia y en
favor de unos ideales... Y, por desgracia, esta muerte que los ha unido
definitivamente.
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