«Amantes y envidiosos de la libertad humana, y considerándola como la
condición absoluta de todo lo que adoramos y respetamos en la humanidad, doy
vuelta la frase de Voltaire y digo: si
dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.»
(Mijaíl Aleksándrovich BAKUNIN; Priamújino,
Tver, Imperio Ruso, 30 de mayo de 1814 - Berna, Suiza,
13 de junio de 1876.
Dieu et l'état
–Dios y el Estado-, escrito
fragmentariamente a principios de 1871 y publicado por primera vez en francés
en 1882 -1992, por ejemplo, para una edición en castellano-.)

Así que no es extraño que aquel ácrata de carne y hueso, nacido hace
ahora doscientos años, en su devoción única a la libertad como condición
absoluto de lo humano, afease la hipocresía
racionalista de los ilustrados
franceses (saber racional sin dioses para la burguesía pujante, religión
para guiar y mantener bajo control al pueblo
no ilustrado) para proponer la inversión del versillo volteriano, “si Dieu n’existait pas, il faudrait l’inventer”...
No, para el buen ácrata esa consideración
instrumental de Dios como instrumento básico de control sobre “los parias de la
tierra”, no puede ser más repugnante... Y lo es precisamente porque libera a Dios de todos sus atributos
(incluida la existencia, más allá del
debate medieval sobre la naturaleza de los términos
universales y, en consecuencia, la imposibilidad
misma de considerar la existencia como
un atributo más de los seres particulares) para obligar a la humanidad al seguimiento de unas normas cuya legitimación parece pasar a ser el único
núcleo socialmente relevante de la esencia divina volteriana (¡qué tentación
poner, donde se dice Voltaire, Alberto Ruíz Gallardón, José Ignacio Wert o Jorge
Fernández Díaz, como arteros legitimadores,
Rouco Varela mediante, de la contención
del pueblo ante los designios de recorte y desregulación del sistema Montoro-De Guindos!; pero acaso
fuera excesivo considerarlos tan ilustrados).
En fin, que al bueno de Mijail Aleksándrovich
tales usos “racionales” de la divinidad, siempre le parecieron un poco insultantes
para todo quien se sintiera siquiera un poco parte del pueblo... Por eso
pensaba más bien lo contrario: Dios no
existe (ese Dios personal siempre dispuesto a dictar lo que es bueno o malo,
siempre presto a intervenir directa o indirectamente en el mundo), pero, si
existiese, habría que eliminarlo. Precisamente para garantizar la realización
plena de la esencia de todo ser humano
(sea noble, burgués o plebeyo), la libertad.
¡Ojalá (término paradójicamente procedente
de la expresión “law sha'a Allah” árabe, “si Alá quisiera”), en un marco material de justicia y solidaridad universales (más allá de la confianza bakuniniana en la bondad natural
de toda persona, un poco ilusoria), algún día esa libertad sea posible!.
Nacho Fernández del Castro,
7 de Febrero de 2014
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