«1
And then at midnight as we started to descend
into the burning valley of Gijón,
into its blacks and crimsons, in media res,
the crimson I faced was the smouldering maw
of a pile of newspapers lit long ago
and fanned up in the wind, breaking off and away
in flame-posies, small airborne fire-ships
endangering the house-thatch and the stacks
for we almost panicked there in the epic blaze
of those furnaces and hot refineries
where the night-shift worked on in their element
and we lost all hopes of reading the map right
and gathered speed and cursed the hellish roads.
into the burning valley of Gijón,
into its blacks and crimsons, in media res,
the crimson I faced was the smouldering maw
of a pile of newspapers lit long ago
and fanned up in the wind, breaking off and away
in flame-posies, small airborne fire-ships
endangering the house-thatch and the stacks
for we almost panicked there in the epic blaze
of those furnaces and hot refineries
where the night-shift worked on in their element
and we lost all hopes of reading the map right
and gathered speed and cursed the hellish roads.
2
Next morning on the way to Piedras Blancas
I felt like a soul being prayed for,
giddy and replenished all at once.
I saw men cutting aftergrass with scythes,
yet entering it as if it were home ground,
the Gaeltacht, say; in the nineteen fifties,
where I was welcome, but of small concern
to families at work in the roadside fields
who’d watch and wave at me from their other world
as was the custom stil near Piedras Blancas.
I felt like a soul being prayed for,
giddy and replenished all at once.
I saw men cutting aftergrass with scythes,
yet entering it as if it were home ground,
the Gaeltacht, say; in the nineteen fifties,
where I was welcome, but of small concern
to families at work in the roadside fields
who’d watch and wave at me from their other world
as was the custom stil near Piedras Blancas.
3
San Juan de la Cruz
had his dark night of the soul.
At San Juan de la Arena
it was a bright day of the body.
Two rivers flowed together under sunlight.
Watercourses scored the level sand.
The sea hushed and glittered outside the bar.
And in the afternoon the cockleshells
I threw together in a casual pile
bobbed and flashed on air like altar boys
with their quick tapers and responses
in the great re-echoing cathedral gloom
of distant Compostela, stela, stela.»
had his dark night of the soul.
At San Juan de la Arena
it was a bright day of the body.
Two rivers flowed together under sunlight.
Watercourses scored the level sand.
The sea hushed and glittered outside the bar.
And in the afternoon the cockleshells
I threw together in a casual pile
bobbed and flashed on air like altar boys
with their quick tapers and responses
in the great re-echoing cathedral gloom
of distant Compostela, stela, stela.»
«I
Y
luego, a media noche, cuando empezamos a descender
hacia el
ardiente valle de Gijón,
hacia sus
negros y carmesíes, in media res,
era como si
mi propio rostro ardiera otra vez
ante un
montón de periódicos encendidos hace tiempo,
y avivado
por el viento, roto y disperso
en
ramilletes ígneos, naves de fuego volantes
poniendo en
peligro los cobertizos y los almiares
pues nos
atemorizó la épica llamarada
de aquellos
hornos y ardientes fundiciones
donde el
turno de noche se afanaba en lo suyo
y perdimos
toda esperanza de descifrar el mapa correctamente
y
aceleramos maldiciendo las infernales carreteras.
II
A la
mañana siguiente, rumbo a Piedras Blancas,
me sentí
como un alma por la que alguien rezara,
mareado y
totalmente repuesto a la vez.
Vi hombres
segando rastrojos con guadañas,
que entraban
en ellos como en terreno propio,
el
Gaeltacht, pongamos; en los años cincuenta,
donde era
bienvenido, aunque con interés escaso,
por
familias que trabajaban los campos vecinos,
que me
saludaban al avistarme desde su otro mundo
como era
costumbre aún cerca de Piedras Blancas.
III
San Juan de
la Cruz
tuvo su
noche oscura del alma.
En San Juan
de la Arena
era un día
luminoso de los cuerpos.
Dos ríos
fluían juntos bajo la luz del sol.
El curso de
sus aguas rasgaba los lisos arenales.
El mar
estaba en calma y esplendía más allá de los bares.
Y por la
tarde, las conchas de berberecho
tiré revueltas en montón casual
balanceándose
y refulgiendo en el aire como monaguillos
con sus
rápidos cirios y respuestas
en la muy
resonante penumbra catedralicia
de la
lejana Compostela, estela, estela.»
(Seamus HEANEY; Country Derry, Irlanda del Norte, Reino Unido, 13 de abril de 1939 - Dublín, 30 de agosto de 2013; Premio Nobel de Literatura 1995. “The Little Canticles Of Asturias” –“Los pequeños cánticos de Asturias”- en Electric Light –Luz eléctrica-, 2002 –edición en castellano de 2003-, *esta traducción es propia-.)
Bien lo sabía
Seamus Heaney, capaz de realizar esa fusión entre lo etéreo y lo concreto,
entre las ensoñaciones y la praxis, a través de su mística de cristiano irlandés,
para convertirla en un flujo de versos-río, breves y torrenciales, que
desembocaban inexorablemente en el mar de la literatura más sublime.
No lo volverá
hacer, pero aún nos asombra esa nebulosa
precisión, esa concreción metafísica
con la que, en una sorprendente dialéctica
de la necesidad y el deseo, de la memoria
y el detalle, plasmó las sensaciones de su
paso por Asturias.
Y es que sin memoria nunca
podremos comprender y mejorar los detalles
que caracterizan cuanto nos rodea, sin deseo
nunca podremos hacer una correcta evaluación de nuestras necesidades para tratar de adecuar la realidad a su satisfacción
más completa... Pero, del mismo modo, sin una perspicaz captación de los detalles de nuestro mundo, la memoria será inútil nostalgia (como un Día de la Cultura que, fuera de
su espacio y su tiempo, tras tantas traiciones y tanto desencanto, nunca podrá
ser lo que fue); sin una criba minuciosa de nuestras necesidades, nuestros deseos
quedarán a merced de dictados ajenos (sometidos
a la dictadura del mercado en
cualquier gran superficie comercial).
Nacho Fernández del Castro, 12 de Septiembre de 2013
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