«Un mitin es un acto público del que se puede afirmar que,
cuando se celebra, unos dicen cosas que no piensan y otros piensan cosas que no
dicen.»
(Vladímir
Nikoláyevich VOINÓVICH; Dusambé, URSS, actual Tayikistán, 26 de
septiembre de 1932.
Жизнь и необычайные приключения солдата Ивана Чонкина
-Vida
e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin-, 1974 -2006
para la edición en castellano-.)
Así que ya nos vamos acostumbrando a que, en
cualquier informativo o tertulia, la “representación popular” y sus secuaces
mediáticos se intercambien esos mantras
sin que siquiera lleguen a encontrarse, si no es para gritar “...y tú más”.
No hay ideologías
ni pensamiento político porque, ¿quién
necesita ideología ni pensamiento alguno para reconstruir normativamente la realidad
según los intereses del amo (y en eso
consiste, básicamente, el reformismo
que se nos vende)?... Cualquier visión a
priori del mundo, cualquier voluntad
de raciocinio mínimamente crítico y autónomo puede resultar, de hecho,
contraproducente para el buen funcionamiento de la cadena de sumisiones que define la actividad política contemporánea.
Y es por ello que, mítines al fin, las comunicaciones públicas de las más
eminentes voces de la casta política dicen lo que no piensan (porque, además,
según va avanzando su dedicación a lo que fuera la cosa pública, van dejando progresivamente de pensar) o, cuando
quedan restos de viejas ideas y cierta memoria de la capacidad para
avergonzarse, piensan lo que no dicen.
Nacho Fernández del Castro,
26 de Septiembre de 2013
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