«This is the way the world ends
This is the way the world ends
This is the way the world ends
Not with a bang but a whimper.»
«Así es como acaba el mundo
Así es como acaba el mundo
Así es como acaba el mundo
No con un estallido sino con
un lamento.»
(Thomas
Stearns ELIOT; St.
Louis, Missouri, Estados Unidos, 26 de septiembre de 1888 –
Londres, Reino
Unido, 4 de enero de 1965. Estrofa final de The Hollow Men, V -Los Hombres Huecos -,
1925 -1997, por ejemplo, para la edición en castellano-.)
La realidad que nos envuelve es sombría, casi apocalíptica... En una perversa combinación del “¡sálvese quien pueda!” milenarista con
el “¡todo vale!” postmoderno (al fin
y al cabo, dos caras de la misma moneda) el capitalismo
rampante, sin contrapesos ideológicos
ni políticos de consideración, ha
impuesto su discurso único neoliberal
haciendo pasar sus particulares opciones
ideológicas por necesidades objetivas
(económicas) y, convirtiendo el ajuste estructural en un mantra que legitima a través del desmantelamiento
de lo público la sacralización del
mercado... El principio de privatizar
los beneficios, socializar las ganancias que de todo ello se deriva está
condenando a ingentes masas de población a la condición de residuos no
reciclables del un sistema que ya ni
siquiera tiene bastantes alfombras debajo de las que barrerlos, así que
comienza a fomentar los “vertederos clandestinos”... ¿Cómo?, poniendo las condiciones de posibilidad normativas
que dificulten que esos “excedentes humanos” puedan tener expectativas (al obstaculizar su acceso a nada que se parezca a una
educación emancipadora, a una vivienda o a un trabajo digno, favoreciendo marcos
educativos sectarios y excluyentes, la especulación
inmobiliaria y el desahucio, o desregulaciones continuas de los mercados
laborales)... Dificultando, incluso, su supervivencia
(con un deterioro continuo del sistema público
de salud y una política de exclusiones continuas del mismo que ya comienza
a derivar disminuciones, aquí y ahora, de la esperanza de vida, para gozo del Fondo Monetario Internacional que había situado el aumento de la longevidad como el mayor de
los riesgos para las sociedades económicamente desarrolladas)... Dificultando,
para colmo, hasta la posibilidad de un
mañana con sus ataques frontales a la atención
de la dependencia y al sistema público
de pensiones.
Una situación, en fin, de una violencia
institucional casi sin precedentes que, pese a tanta indefensión aprendida mediante un control de la comunicación mediática que trata de invisibilizar
al máximo la situación de los más, de las víctimas de este naufragio de todo lo que fue la construcción de la modernidad y la
formulación y desarrollo de una serie de derechos
universales inherentes a la propia condición
de ser humano, ya provoca múltiples resistencias
(poco coordinadas, acaso, y poco asentadas sobre un discurso común alternativo).
¿Será esto el augurio del fin del mundo conocido (desde luego, sí está siendo ya el fin forzado del mundo
para un buen número de personas)?.
¿Nos conformaremos con que ese final sea, más
que una explosión, un triste (aunque planetario) lamento?.
Nacho
Fernández del Castro, 25 de Septiembre de 2013
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