«Cuando escribo mi nombre,
lo siento cada día más extraño.
¿Quién será ése?
me pregunto.
Y no sé qué pensar.
Ángel.
Qué raro.»
(Ángel GONZÁLEZ MUÑIZ; Oviedo, 6 de septiembre de 1925 – Madrid, 12 de
enero de 2008;
Premio Príncipe de
Asturias de las Letras 1985.
“De otro modo” en Deixis en fantasma, 1992.)

E
igual con los alimentos, con los transportes, con las diversiones, con los
espectáculos... Y ya también con los servicios sanitarios o educativos...
Y
hasta con esto que llaman democracia
(y no lo es), porque, al fin y al cabo, uno nunca puede estar muy seguro de que
marca política gestiona menos en negro nuestros dineros o va a ser más
rápida a la hora de decir “si, bwana”
a la voz de sus amos y obrar en
consecuencia.
Así
que no es extraño que el irónico Ángel
González se sintiera (en el año de los gloriosos Juegos Olímpicos de Barcelona
y el “amigos para siempre”) cada día
más extrañado de su propio nombre... Al fin y al cabo, él sólo era un poeta... Y
lo supo sólo
cuando se lo dijeron.
Nacho Fernández del Castro, 21 de Marzo de 2013, Día Mundial de la Poesía