«Las cumbres de los alrededores
están tapizadas de hierba verde y lisa, a veces salpicadas de pequeños
almiares. Los caballos descienden a un trote bastante regular. A veces patinan,
arrastrados por el coche, pero no se caen. Al leer las novelas rusas se tiene
la impresión de que en Rusia los coches van a velocidad loca. También en los
grabados que representan correos rusos se ve, por lo general, a los caballos
correr tocando con el vientre en el suelo y el látigo del cochero ondeando en
el aire. Nos habíamos imaginado, pues, que íbamos a atravesar de un galope el
Cáucaso, a rienda suelta, con los cuatro caballos, para encontrarnos al otro
lado del macizo, como energúmenos.
Nos sorprendió comprobar que la marcha era, en realidad, muy razonable, ya porque Cornelio Gregorievitch fuese un cochero extremadamente prudente, lo cual era una verdad absoluta, ya porque los artistas rusos hubieran exagerado, lo cual también era cierto. Ningún coche de los que vimos durante el viaje iba demasiado aprisa.»
Nos sorprendió comprobar que la marcha era, en realidad, muy razonable, ya porque Cornelio Gregorievitch fuese un cochero extremadamente prudente, lo cual era una verdad absoluta, ya porque los artistas rusos hubieran exagerado, lo cual también era cierto. Ningún coche de los que vimos durante el viaje iba demasiado aprisa.»
, nacido Knut
Pedersen; Lom, Noruega, 4 de agosto de 1859 – Grimstad, 19 de febrero de 1952.
I Æventyrland –En el país de los cuentos-, 1903 -1913
para la primera edición en castellano-.)
Es
como esas altísimas instancias del Ministerio de Empleo empeñadas en convertir
reiteradamente los aumentos de las cifras
del paro (incluyendo ya la superación de los terribles cinco millones de personas registradas) en casi optimistas “desaceleraciones
del ritmo de crecimiento del paro registrado en un duro contexto de recesión”...
El
optimismo que adopta ante el mundo, por lo que los nuevos mercachifles mentales llaman asertividad, por conveniencia o por simple hipocresía,
una actitud de embellecimiento lírico
o aliteración refinada es, en el
fondo, puramente conservador.
¿Para
qué mejorar los correos del zarismo si su rapidez ya era proverbial?... ¿Para
qué probar nuevas políticas de empleo
si las reformas laborales ya están
logrando tan loables “desaceleraciones del desempleo registrado” (por mucho que
se esté en el record Guiness particular
de paro desde que existen registros)?.
Es
un principio básico del espíritu
conservador: no hay que dejar nunca
que la cruda realidad nos estropee una hermosa metáfora, una hipérbole
oportuna, un eufemismo exquisito... Y, por ello, los discursos políticos al uso, todos ellos conservadores (pues persiguen, ante todo, que quienes los hacen
puedan perpetuarse) se llenan de estos recursos y se tornan anafóricos... Sembrados de reiteraciones y repeticiones para ver si, así, pueden seguir convenciendo a alguien.
Por
fortuna, tanta y tan pésima literatura comienza a cansar ya al personal, que se
pone un poco metafísico cuando no come
(como les sucede a Babieca y Rocinante según cuentan en el soneto preliminar de
la primera parte del Quijote).
Nacho Fernández del Castro, 4 de Marzo de 2013
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