«Dos de los bebés de
mi muestra, Paulo y William, están en los grupos de apego seguro. Sin
embargo, el pronóstico sobre su salud mental difiere si uno lo juzga desde la
conducta de la madre hacia los otros hijos de la familia, y la respuesta de
éstos hacia ella. La madre de William reparte su tiempo y afecto entre
todos sus hijos. La madre de Paulo dedica su atención mayoritariamente al
bebé lo cual hace sentirse abandonados y rechazados a los hijos. Quizás esto
ilustra una causa por la cual la relación entre el apego del infante y la salud
mental futura no es muy simple.»
(Mary
Dinsmore Saslter AINSWORTH; Glendale, Ohio, Estados Unidos, 1 de diciembre
de 1913 – Charlottesville, Virginia, 21 de marzo de 1999. “The development of infant-mother
interaction among the Ganda” en Determinants of Infant Behavior,
editado por B.M. Foss, 1963.)
Ayer
mismo quienes representaban sus papeles de testaferros
y valedores del poder económico real nos prometían bienestar eterno y creaban las condiciones para hacernos creer que
nunca viviríamos “por encima de nuestras posibilidades”, porque su papel era
extender esas posibilidades hasta el infinito... Nos ofrecían la mayor cohesión social en el mejor de los mundos posibles y hasta, si
se les forzaba un poco, se mostraban en disposición de rellenar la brecha entre el mundo rico y el mísero
como habían derribado el muro que
separaba al Este del Oeste.
Hoy
están y los sentimos (hasta el Centro de
Investigaciones Sociológicas lo muestra con creciente claridad) cada día más
lejos, mientras ahora nos acusan de haber sido nosotros los que “libremente”
fuimos decidiendo “vivir por encima de
nuestras posibilidades”.
Pero
uno, como el Roberto Cantoral de La barca, “no concibe la razón de
que la distancia sea el olvido”. Y recuerda... Recuerda esos bancos que
sustituyeron sus especialistas estructurales en evaluación de riesgos por agentes
comerciales a comisión, recuerda esa casta política ufana haciendo gala de
un crecimiento económico centrado en
la burbuja inmobiliaria, recuerda esos
medios de comunicación hablando del consumismo como la panacea del desarrollo de toda sociedad.
Resulta
más evidente cada día que esa casta política
que tanto “podía prometer y prometía” quiere más a sus amos (sus multinacionales, sus intermediarios, sus bancos, sus
voceros) que a su pueblo... De hecho,
detrae continuamente las migajas postreras de atención o afecto
potencialmente dirigidas a éste para volcarlas generosamente sobre aquéllos.
Así
que, a medida que la cohesión social
y el bienestar común saltan por los
aires, su relación con las actitudes futuras de la población se tornan más
complejas y problemáticas... Y la “salud
mental colectiva” está en peligro.
Nacho Fernández del Castro, 13 de Enero de 2013
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