«[El integrismo] consiste en identificar una fe
religiosa o política con la forma cultural o institucional que pudo revestir en
una época anterior de su historia. Creer, pues, que se posee una verdad
absoluta e imponerla.»
(Roger GARAUDY, más tarde Ragaa GARAUDY; Marsella, Francia, 17 de
julio de 1913 -
Chennevières-sur-Marne, Isla de Francia, 13 de junio de 2012. Intégrismes –Los Integrismos.
Ensayos sobre
los Fundamentalismos en el Mundo-, 1990 -1992 para la edición en castellano-.)
No deja de ser curioso que mientras en el mundo oprimido florecen integrismos diversos, identidades excluyentes
y otros refugios atávicos frente a la
presunta omnipotencia del opresor, en el mundo
rico, libre, desarrollado, tan tolerante
él, se comience a tratar sus normas precarias, sus principios insuficientes,
sus valores en retirada, como si fuesen verdades absolutas que, sin fundamento posible
ya en la consagración de formas históricas
anteriores como definitivas, usan los hipotéticos
consensos sociales (nunca suficientemente reiterados, siempre sometidos a
continuos aplazamientos de cualquier atisbo de comprobación) para legitimar una imposición a través de toda la fuerza de los instrumentos de control (simbólico y real) a su disposición.
En
ambos casos, es la razón de la fuerza
la que se impone sobre la fuerza de la
razón... Pero el mundo rico, libre, desarrollado, tan tolerante él, ha
aprendido a conseguir que la crueldad
con la que impone su integrismo de la
insignificancia para hacer que todo siga igual sea menos visible.
Nacho Fernández del Castro,
27 de Enero de 2013
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