«Pasó
de largo la primavera de la vida. Lejos quedan los días en que un amable genio tutelar
sugería himnos conceptuales a la pasión, al artista y su ciudad, a lo bello y
lo siniestro o a la memoria perdida de las cosas.
En la edad de hierro, se prueba lo más
difícil. El compromiso con los temas y los motivos de la vida primeriza y
primaveral permanece intacto. Pero la exigencia metódica y conceptual es mayor.
El texto pierde sensualidad, facilidad, acceso directo al público. Se corre el
riesgo de la impopularidad. Se escribe para todos y para ninguno. Se acentúa e
intensifica la soledad.»

(Eugenio TRÍAS
SAGNIER; Barcelona, 31 de agosto de 1942 –10 de febrero de 2013. La
aventura filosófica, 1988.)
Porque
sabemos que, en nuestra aventura diaria
del filosofar para actuar, a medida que las primaverales pasiones por lo
bello y lo siniestro. por los sones más estéticos y las memorias más perdidas, van cediendo, no
abandonamos nuestras preocupaciones y
compromisos con el mundo y la vida, sino que ahondamos en nuevas
singladuras y abordajes más cargados de precisiones
conceptuales y rigores metodológicos.
Y,
como un destino fatal, seguimos reflexionando
en el límite de nuestra propia sombra, que nos permite indagar y buscar un mundo mejor perdidos en la soledad del (inútil) escritor de fondo.
Nacho Fernández del Castro, 11 de Febrero de 2013
Eugenio Trías talló muchas veces sus propias palabras… si quiso narrar lo que pensaba.
ResponderEliminarUtilizó un lenguaje arriesgado, difícil y estilizado, por momentos transparente, interesado en la indagación de lugares nuevos que le atraían.
Buscó adentrarse en territorios incógnitos.
Corrió el riesgo de no hallar el aplauso inmediato ni seguidores masivos, sólo atentos.
Tejió su tema sempiterno, la estética, y le unió retazos de otros temas, políticos, históricos, antropológicos, éticos, ontológicos… y nos dejó un bello tapiz, con muchas capas y muchos bellos hilos.
Gracias por tus ideas, tu escritura, tu ejemplo y tu estilo.
Adiós, Eugenio Trías. Vete en paz. Disuélvete en la frontera… nos dejas la posibilidad de contagiarnos de ti. Eso es mucho. Gracias.
Silverio Sánchez Corredera