«Lo poco que una mujer puede ver de sí misma no se lo muestra
el apacible y circular resplandor de una lámpara encendida todas las noches
encima de la misma mesa. Pero, si cambio de mesa la lámpara y de habitación,
¿qué he conseguido?. La sospecha y en seguida la certidumbre de que todos los
países van a parecerse si no encuentro el secreto de renovarlos renovándome yo
misma. ¡Ha pasado el tiempo en el que contaba con mi sólida razón!. La sólida
razón de una mujer... Ni sólida ni razonable, sino conmovida y temblorosa por un
vulgar encuentro, hace un instante, en el Paseo de los Ingleses.»
(Sidonie
Gabrielle COLETTE; Saint-Sauveur-en-Puisaye, Francia, 28 de enero
de 1873 -
París, 3 de agosto de 1954.
Inicio de L'entrave
-El obstáculo-, 1913.)
Vamos
que, cuando alguien nos habla de principios
inmutables o unidades de destino en
lo universal, siempre es muy conveniente preguntarse a quién benefician los susodichos principios o las mentadas unidades...
Sabremos, entonces, con la precisión que esté al alcance de nuestro afán y
pericia investigadoras, quién está interesado
en que el imaginario que se configura
desde esos principios y unidades se extienda y consolide, por un lado, y, por
otro, a sueldo de quien está el correveidile
de turno.
Asumir
nuestra condición de seres del límite,
que diría el malogrado Eugenio Trías, implica la voluntad continua de renovar
el mundo renovándonos a nosotros
mismos... Y no, desde luego, por esa mitificación
de lo nuevo tan propia de la postmodernidad,
sino porque, habitantes al fin de la frontera, debemos estar prestos a
combatir cuantos discursos y acciones pretendan retrotraernos a una condición animal acrítica y meramente
reactiva (como hacen los nuevos
paladines de la “educación neoliberal”) o hacernos transcender a una
condición angelical distante y estática (como pretenden los viejos bastiones de los credos inmutables). Al
final, la pasión racional (o la razón apasionada) nos lo dice: prácticamente tales pretensiones son casi
lo mismo... El intento de alejarnos de
cualquier tentación de intervenir en el mundo desde nuestra voluntad fronteriza.
Nacho Fernández del Castro, 21 de Febrero de 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario