«Pero
lo que intento decir y enunciar no es una referencia a límites y a horizontes
tan antigua como la propia filosofía, y que ya en Pitágoras, Platón o en
Aristóteles hallamos una y otra vez. Intento una vuelta de tuerca muy peculiar
y específica que afecta a nuestra ontología, o a lo que tradicionalmente se
llamaba metafísica.
Intento decir que el ser, eso que así se llamó
por vez primera en el Poema de Parménides, es, de ser algo, ser del límite. Un
ser del que tenemos experiencia por la sencilla razón de descubrirnos
existiendo, o habitando en ese ser que, a modo de regalo envenenado, se nos da
(como donación o don, afortunado o aciago). Pero esa existencia se nos revela
puesta e incardinada en el límite; en el límite en relación a lo que deniega el
ser, y es nada, o nonada, como decía con genial alegría léxica la gran Teresa
de Ávila.»
(Eugenio TRÍAS SAGNIER; Barcelona, 31
de agosto de 1942 –10 de febrero de 2013.
“Pensamiento crítico y
humanismo en libertad” en El Mundo, 21-3-2000.)
El
obrero aburguesado por la inmersión consumista revive su conciencia de obrero,
precisamente, cuando el capitalismo salvaje le niega como tal a través de
nuevas formas de explotación... El mercader fullero recuperará su conciencia de
probo comerciante, precisamente, cuando la debacle particular o colectiva del
consumo lo niegue como tal a través de la imposibilidad de trueque alguno...
Sin
la experiencia de la nada, de la posibilidad de negación figurada o real
de nuestro ser, de nuestra condición
de “algo que es frente a la nada”, resulta débil o nula la conciencia de nosotros mismos como existencia
sustantiva, como una no-nada en
fin... Y esa es, inevitablemente, una experiencia
del límite, de nuestra propia
frontera.
Sin
la revelación permanente de nuestra condición de habitantes del límite, el ser
se difumina y tampoco podemos valorar los
demás seres sino como objetos
insignificantes y efímeros, que pueden
ser o no ser sin que nada cambie y, por tanto, sólo son aptos para usos instrumentales y meramente situacionales, porque sin
autopercibirnos como seres sustantivos
la continuidad biográfica de nuestras
acciones carece por completo de sentico.
¿No
suena a un signo de nuestros tiempos?... ¡Habrá que revitalizar la preocupación por el ser, por la ontología!.
Nacho Fernández del Castro, 14 de Febrero de 2013
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