«Cada testigo tiene su propia forma de acceder a la verdad.»
(Kenneth Millar, conocido por el pseudónimo literario de Ross MacDONALD; Los Gatos, California,
Estados Unidos, 13 de diciembre de 1915 - Santa Bárbara, 11 de julio de 1983. Sleeping Beauty
–La Bella Durmiente-, 1973 –edición en castellano de 1978-.)
Todo eso lo sabemos y, por ello, no queda
más remedio que admitir que cada cual
tiene no sólo su propia forma de acceder a la verdad, sino su propia forma de
construirla, gestionarla y sostenerla.
Ahora bien, aunque todo eso lo sepamos,
resulta cada día más difícil soportar a las portavoces del gobierno hablando de
extesoreros imputados que siguieron cobrando del partido “en diferido” (¿no será
en un “falso directo”?) o de leyes que no se aprueban por estar pendientes de “algunas
observaciones” (¿acaso algunas anotaciones, de algún director general o de
Monseñor Rouco Varela, hechas en rojo al margen del texto y que se habían
pasado por alto?), al propio presidente señalando que de los registros
manuscritos de pagos en sobres fraudulentos “todo es falso, salvo alguna cosa”,
o a líderes sindicales autonómicos amenazando a los nuevos movimientos ciudadanos porque "si quieren formar parte del movimiento sindical, los recibiremos
con los brazos abiertos; pero si se ponen en el camino e intentan entorpecerlo,
nos los llevaremos por delante porque somos una maquinaria fuerte, pesada y
vigorosa y no vamos a pecar de falsos progresismos"...
Una cosa es que el proceso de conocimiento y acceso a la verdad humana
sea inevitablemente constructivo y
esté salpicado de subjetividades e
intersubjetividades (casi nunca totalmente neutralizables o neutralizadas),
y otra es que se tome a todo bicho viviente por idiota.
Nacho Fernández del Castro,
12 de Mayo de 2013
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