«-Yo, en cambio, creo en Dios. Últimamente tenía mis dudas, pero ahora
sólo me falta oír una frase sublime. En esto me parezco al filósofo Diderot.
¿Sabe usted, santísimo mayor, cómo se presentó al metropolitano Platón, cuando
reinaba la emperatriz Catalina?... Entra y dice sin preámbulos: “¡Dios no
existe!”. A lo que el alto prelado responde: “¡El insensato ha dicho de todo corazón
que Dios no existe!”. Inmediatamente, Diderot se arroja a sus pies y exclama: “¡Creo
y quiero recibir el bautismo!”. Y se le bautizó en el acto. La princesa
Dachkhov fue la madrina, y Potemkin, el padrino...
‑Esto es intolerable, Fiodor Pavlovitch -exclamó Miusov con voz trémula, incapaz de contenerse‑. Está usted mintiendo. Y sabe muy bien que esa estúpida anécdota es falsa. No se haga el pícaro.»
(Aleksei BALABANOV;
Sverdlovsk -hoy Ekaterinburg- Sverdlovskaya, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,
25 de febrero de 1959 - Solnechnoye, Sankt-Peterburg,
Rusia, 18 de mayo de 2013.
Diálogo en una iglesia
entre Fiodor Pavlovitch y Artem Miusov, catedrático
universitario de Ateísmo Científico, en la escena final de la película Груз 200 (Gruz 200) -Cargo 200-,
2007.)
Aleksei Balabanov estuvo en el 47 FICXixón (2009), para recibir el
homenaje de un ciclo de siete películas. Y nos deja ahora en la bruma confusa
que en Arlem, el catedrático de Ateísmo Científico de Cargo 200 (una de las películas
que vimos entonces), provocaban las sombras cotidianas de una destilería
clandestina o una iglesia de la Unión
Soviética del año 1984 (sí, el mismo en el que, sesenta años
antes, George Orwell situara su Gran
Hermano, ¿mera casualidad?).
Unas sombras pobladas por siniestros
personajes, zafios o cultivados, dispuestos a inventar lo que sea para dar cuerpo experiencial a lo transmundano... Sombras de las que formaban
parte sus propias inercias intelectuales.
Nacho
Fernández del Castro, 20 de Mayo de 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario