«Se dice, después de que lo hubiera dicho Tolstoi, que las familias felices no tienen historia. Tampoco los elefantes felices parecen tenerla.»
(José de Sousa SARAMAGO; Azinhaga, Santarém, Portugal, 16 de noviembre de 1922 - Tías, Lanzarote, España, 18 de junio de 2010. Tras un merecido descanso de Salomón/Solimán en El viaje del elefante,2008.)
Y es que, como le ocurría al elefante Salomón (devenido en Solimán) del añorado José Saramago o a las familias de Tolstoi, la felicidad, más o menos permanente (o sea, su vida en la sabana o en los barrios alejados de “nobles humanos” con rifles de mira telescópica o intereses mercantiles), les aleja también de la historia... En realidad, sólo los elefantes matados por monarcas o insensibles “aventureros” (léase en el sentido más peyorativo de la palabra), o los que son encerrados en zoos o circos para disfrute de las familias tolstoianas, adquieren nombre e historia. Los viejos elefantes africanos a asiáticos se retiran sólos, cuando sienten que les ha llegado el momento, hacia su cementerio y su olvido. A los viejos nobles y monarcas no hay quien los retire y se perpetúan en sus vástagos y en los panegíricos de académicos de la Historia a sueldo.
¡Es lo que tiene la feliz sumisión de las familias tolstoianas!...
Nacho Fernández del Castro, 15 de Abril de 2012
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