«En la ciencia más profunda de todas [se refiere a la metafísica], la palabra representación es bien comprendida y empleada con seguridad, aunque su significación nunca pueda ser desplegada en una definición.»
(Immanuel KANT; Königsberg, Prusia Oriental, 22 de abril de 1724 – 12 de febrero de 1804.
Der einzig mögliche Beweisgrund zu einer Demonstration des
Daseyns Gotees –El único argumento posible para una demostración de la existencia de Dios,
Parte I, Consideración I-, 1762.)
Como en la metafísica kantiana, la representación, en el ámbito político de las democracias parlamentarias, no puede ser desplegada en una definición precisa, aunque sea bien comprendida y empleada con seguridad por la ciudadanía... Y es que ésta sabe con certeza que no es ella la representada y por ello va creciendo su práctica abstencionista y su sospecha/desprecio hacia la casta política. Sin embargo, aunque puede señalar genéricamente quiénes son los verdaderamente representados (grandes fortunas, banqueros, poderosos en general, y hasta defraudadores), no podría concretar seguramente los grupos de presión económica triunfantes con cada marca política, con cada partido, con cada élite gestora. O dicho con mayor claridad, sería problemático determinar los intereses económicos representados por cada sigla concurrente en el mercado electoral. Entre otras cosas, porque esos intereses, esos grupos de presión, son acomodaticios y lo suficientemente flexibles para no hacer apuestas tan absolutas que les impidan cambiar de testaferros cuando un vuelco electoral así lo exija.
Nacho Fernández del Castro, 4 de Abril de 2012
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