«Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre, y ahora que tengo cincuenta y ocho, tal vez la senilidad realice la tarea.»
(John Ernst STEINBECK; Salinas, California, Estados Unidos, 27 de febrero de 1902 –
Nueva York, 20 de diciembre de 1968. Fragmento del “Prólogo” de
1962.)
Van pasando las etapas y uno sigue prendido de su eterno deseo de estar en otros lugares y tiempos... Sabemos que buena parte de ese anhelo se funda en nostálgicas mitificaciones que pueden llegar, incluso, a los espacios y horas que nunca se han vivido realmente. O sí, porque uno puede tener sensaciones tan intensas, mediadas por inmersiones en distintos tipos de conocimientos del Mayo del 68 o la Revolución de los Claveles, del barrio alto de Lisboa o la Boca bonaerense, como si hubiese estado viviendo allí y entonces. Porque de eso se trata, en definitiva, de la necesidad vital de revivir y no tanto del simple gusto por visitar.
Nacho Fernández del Castro, 18 de Abril de 2012
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