«La Rambla, aparentemente, estaba igual, con sus gorriones y sus gorrones, sus árboles centenarios y sus hoteles de vieja estampa. Subsistían las terrazas de los cafés, algunos comercios de souvenirs, aptos para el último recuerdo, y los quioscos especializados en revistas eróticas...»
(Francisco GONZÁLEZ LEDESMA; Barcelona, 17 de marzo de 1927. El pecado o algo parecido, 2002.)
A veces los territorios de la memoria de nuestros viejos pasos nos parecen idénticos al ser recuperados tras largo tiempo... Idénticos rincones donde conversábamos con cualquiera o con nosotros mismos, idénticos espacios poblados por variopintas multitudes, idénticos mercadillos del modesto recuerdo, la imagen prohibida o la habilidad sorprendente.
Y, sin embargo, con frecuencia todo ello acaba por estar uperizado, homegeneizado y pasteurizado por la normalización impuesta por alguna “autoridad competente”... ¡Todo ya según ritual y en su justa medida, sin salirse del espacio predeterminado por evidentes marcas de pintura indeleble, con arreglo a previsiones que alejen cualquier tentación de peligrosas espontaneidades!.
Es el signo del nuevo modelo de ciudadanía: hacer (eficientemente) lo que que la autoridad considera útil (sin preguntarse ¿por qué?), divertirse (prudentemente) con lo que la autoridad considera conveniente (sin preguntarse ¿para qué?), consumir (abundantemente) lo que la autoridad considera provechoso (sin preguntarse ¿para quién?)... Bueno, en realidad, donde dice “autoridad” quizás debiera decir “mercado”.
Nacho Fernández del Castro, 19 de Abril de 2012
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