«Avanzando a tientas en la oscuridad, seguro de haberse perdido, Jonny
vio aparecer de repente un cuadrado de luz en el camino: la ventana de una
casa. Su larga caminata a través de la monótona negrura estaba llegando a su
fin.»
(Margaret MAHY; Whakatane, Nueva
Zelanda, 21 de Marzo de 1936. Al borde del acantilado, 2002.)
Altos
cargos de la judicatura que combinan ocio y trabajo pagando con dinero público
ostentosos alojamientos y opíparas cenas compartidas... ¡Sin ver problema moral alguno en ello pese a sus
hondas convicciones cristianas!.
Gobernantes
que recortan alegremente los servicios públicos básicos (que ellos, claro, ni
utilizan ni necesitan) mientras salvan la
cara y la cartera de sus amigos-colegas-amos
banqueros... ¡Alegando, con rostro impasible, necesidades y urgencias!.
Presidentes
que siempre procuran dar la callada por respuesta, portavoces que dicen y se
desdicen sin dejar pasar una hora, ministros del área económica que anuncian con
risa floja medidas mil veces negadas hasta el instante anterior, gobernadores
de instituciones reguladoras del caos financiero que dicen que les gustaría
mucho hablar a la vez que aseguran que no van hacerlo, autoridades comunitarias
que anuncian flexibilización de medidas cinco minutos antes de que otras
autoridades comunitarias señalen que las normas vigentes no lo permiten...
Cada
vez más, da la impresión de que vamos a tientas por la oscuridad y que
cualquier luz que aparece como promesa de final de tan negra travesía, en
realidad, no es más que un señuelo que nos acerca al borde del abismo.
Nacho Fernández del Castro, 31 de Mayo de 2012