«No le dije la verdad y aún no sé por qué. Nos sucede a menudo que, sin
darnos cuenta, preferimos una mentira complicada a una verdad sencilla. Me
parece recordar que me referí a un cliente excéntrico que “por motivos que no
son del caso y que alargarían demasiado la conversación”, si sabía para qué
servían las estrellas me ayudaría muchísimo a arrancarle un contrato. Era una
explicación desesperada, no se sostenía en modo alguno, pero afortunadamente mi
amigo no reparó en ello; estaba concentrándose para obsequiarme con una lección
magistral.»
(Pere CALDERS I
ROSSINYOL; Barcelona, 29 de septiembre de 1912 - 21 de julio de 1994.
Fragmento de “Pedagogía aplicada” en Todo
se aprovecha, 1987.)
La
vida, en fin, está repleta de estas
alambicadas, inútiles e inexplicables mentiras... Para justificar nuestro
retraso en una cita preferimos inventar rocambolescos y azarosos episodios en
vez de reconocer que simplemente nos distrajimos leyendo cualquier tontería o
nos dormimos ante el televisor... Buscamos perdón para nuestros olvidos a través
de fingidas tareas urgentes e incompatibles, en vez de reconocerlos como lapsus
sin más... Esperamos que nos crean cuando acumulamos urgencias sin límite y necesidades
perentorias a la petición del favor más insignificante...
El
caso es complicar un poco las fuentes que legitimen nuestros deseos, que
expliquen nuestros actos fallidos, que hagan razonables nuestras desidias... ¿Por
qué?, ¿para qué?.
Desde
luego, si así es, estaremos haciendo un pésimo ejercicio de pedagogía social aplicada...
Nacho Fernández del Castro, 29 de Junio de 2012