martes, 17 de julio de 2012

Pensamiento del Día, 17-7-2012


«No era la primera vez que le ocurría perder, de repente, y sin razón, la confianza en sí mismo. En realidad, ¿qué hacía allí?. Había pasado la noche sin dormir, había tomado café en el cuchitril de una portera, y después escuchado las historias que le quiso contar una rolliza muchacha en pijama rosado, que le enseñaba un trozo del estómago y se hacía la interesante con él.
¿Y qué más?
.»

 (Georges Joseph Christian SIMENON; Lieja, Bélgica, 13 de febrero de 1903 - 

Lausana, Suiza, 4 de septiembre de 1989. Le revolver de Maigret –Las noches blancas de Maigret-,  

1952 -1987 para la edición en castellano-.)

El mundo se torna cotidianamente inhóspito para quienes, bajo el acoso de la gran estafa de la crisis, pierden la confianza en sí mismos un día sí y otro también... De poco valen entonces las “ingeniosas medidas” del gobierno reduciendo las prestaciones por desempleo para “estimular la búsqueda activa de trabajo” por parte de “los acomodaticios parados” (tal vez fuese más útil que se dedicase a estimular la creación de una oferta laboral seria y consolidada en vez de destruir la poca que queda con los anuncios de cada viernes de dolor), de poco las palmaditas de la troika en la espalda de los ministros económicos (ya sin cartera, que “los hombres de negro de la Unión Europea” se la han robado), de poco las bebidas más o menos excitantes y las tópicas conversaciones de escalera o barra, de poco los intentos vanos del entorno para intentar mostrarse interesante...
Sin autoconfianza, hechas a la condición de la derrota, las huestes arrolladas por las políticas de ajuste estructural y los recortes impuestas por los intereses inmediatos de los socializadores de perdidas y privatizadores de ganancias, caen con frecuencia en la sumisa paralización y, con el añadido de una artera gestión institucional del miedo, la posibilidad de que articulen una respuesta colectiva coherente y continuada ante tanta injusticia se hace difícil, incluso poco probable.
Pero, en fin, la desmesura de la estafa colectiva y particular es tal, el oprobio está tan globalizado, que cada cual se convertirá en víctima en algún momento... Y acaso entonces se sienta llamado a incorporarse a las respuestas que ya comienzan a llenar las calles y plazas.
Así sea.
Nacho Fernández del Castro, 17 de Julio de 2012

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